Vaticano.- Todas las semanas la sección de Migrantes y Refugiados del Dicasterio para la Promoción del Desarrollo Humano Integral publica un boletín, informando de la labor de la Iglesia en este tiempo de pandemia. En el siguiente artículo el 31° boletín, junto con el enlace a los boletines anteriores. La lucha contra la trata de personas y la violencia contra las mujeres El 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, el Papa Francisco reiteró su insistente llamamiento a poner fin a la comisión de actos de violencia. “A menudo las mujeres son ofendidas, golpeadas, violadas, inducidas a prostituirse… Si queremos un mundo mejor, que sea casa de paz y no patio de guerra, debemos hacer todos mucho más por la dignidad de cada mujer”. En su homilía para el día de Año Nuevo de 2020 , el Santo Padre dijo que: “Toda violencia infligida a la mujer es una profanación de Dios, nacido de una mujer” y “de cómo tratamos el cuerpo de la mujer comprendemos nuestro nivel de humanidad”. En Myanmar, la pandemia ha puesto de manifiesto la difícil situación de las mujeres y las niñas más pobres, que han padecido las gravísimas consecuencias de la emergencia. Desde el comienzo de la pandemia, la pobreza ha obligado a cientos de mujeres de las ciudades de Myanmar a ejercer la prostitución, siendo así víctimas de explotación y abuso. La Misión de los Jesuitas de Myanmar (MJM) trabaja para mejorar la vida de las mujeres y niñas (EN) que residen en los barrios marginales de Yangon y en los campamentos de desplazados, mediante su capacitación para la vida práctica, y da especial prioridad a la educación de las niñas que viven en el estado de Kachin. Asimismo, la MJM tiene la determinación de asistir a aquellas mujeres que se han visto obligadas, por la pobreza, a ejercer la prostitución. Para ello, han distribuido paquetes de alimentos y, en los próximos meses, se ofrecerá a las mujeres cursos de capacitación y se les concederá préstamos de microcrédito. El objetivo es el de capacitar a las mujeres y ofrecerles un camino sostenible para salir de la explotación sexual, lo que conducirá a un futuro más seguro para ellas y sus hijos. En la ciudad de Myitkyina, el MJM trabaja en estrecha colaboración con grupos de mujeres que residen en dos campamentos de desplazados internos, ofreciendo actividades centradas en la educación y prestando apoyo a las familias más vulnerables. En septiembre, se impartió a estas mujeres, un taller intensivo de costura y sastrería, de ocho semanas de duración, en el que se les proporcionaron los conocimientos necesarios para ganarse la vida gracias a este oficio. En España, la explotación de las mujeres , que se han quedado sin ingresos como consecuencia de la crisis, se está produciendo en números preocupantes. Estas mujeres, en su mayoría migrantes, trabajaban en el servicio doméstico o cuidaban a ancianos, con contratos “más o menos legales”, explica Ana Almarza, religiosa de las Adoratrices Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Caridad y directora del Proyecto Esperanza . También se dan casos de coacciones con trabajos forzados (cuidar a los hijos, limpiar la casa, etc.) a cambio de no denunciarlas por estar en situación irregular. Durante esta pandemia, el Proyecto Esperanza ha desarrollado un programa de ayuda urgente y de necesidad, que tiene como objetivo evitar que el hambre y la desesperación lleven a las mujeres a la esclavitud, y participa en la red de trabajo que se ha generado en la Iglesia para alertar sobre posibles casos de explotación. “La Iglesia está muy sensibilizada; está trabajando muy bien y de una forma muy profesional”, señala la hermana Almarza. Las mujeres que acuden al Proyecto Esperanza son atendidas por psicólogas, terapeutas, trabajadoras sociales, educadoras y abogadas. Un equipo compuesto por 25 mujeres, “muy profesionales” y que trabajan “uniendo profesionalidad y mística”, aborda cada caso en concreto. Al tratar con mujeres que han sido víctimas de un delito y de un engaño, el equipo trabaja para restituir la confianza y generar vínculos. Los 16 Días de Activismo contra la Violencia de Género es una campaña internacional para poner fin a la violencia contra las mujeres y las niñas. Este año, la campaña mundial se centra en el tema “Pinta el mundo de naranja: ¡financiar, responder, prevenir, recopilar!”. El COVID-19 ha exacerbado factores clave de riesgo en lo que respecta la violencia contra mujeres y niñas, tales como las restricciones de alimentos, el desempleo, la inseguridad económica, el cierre de escuelas, los flujos masivos de migraciones o la amenaza de agitación social. Se otorga una especial atención a las mujeres trabajadoras cuyas vidas y sustento han sido fuertemente impactados por la pandemia. La organización Australian Catholic Religious Against Trafficking in Humans (EN) también se sumó a la iniciativa 16 Days y ofreció dos eventos en línea, historias de activismo, un documento que invita a la reflexión (EN), y una serie de instrumentos para invitar a las comunidades a participar activamente en la campaña. Respuesta a emergencias en casos de desastre En los últimos años se han producido, con cada vez mayor frecuencia, desastres naturales en diferentes partes del planeta. Generalmente, las poblaciones más vulnerables y más pobres suelen ser las más afectadas, pues estos desastres desplazan a quienes dependen de la agricultura y viven en barrios marginales y refugios improvisados. El tifón Goni, el más fuerte del mundo en 2020, mató al menos a 20 personas y obligó a unas 350.000 a abandonar sus hogares en Filipinas. Las Iglesias locales abrieron sus puertas para ofrecer refugio (EN). La parroquia del Padre Treb Futol, de la diócesis de Sorsogon, organizó un comedor social en el que se dio de comer a los evacuados que habían huido de sus hogares. El obispo José Colin Bagaforo, director de Cáritas Filipinas, dijo que el brazo social de la Iglesia había estado coordinando con las oficinas locales de Cáritas, la distribución de artículos de socorro. A su vez, Cáritas