Categoría: CEV Noticias

05
Ene

«Al Gobierno de Maduro le interesa mantener la pobreza para permanecer en el poder»

El obispo de Acarigua-Araure, Juan Carlos Bravo, asegura que las parroquias se han convertido en comedores sociales, roperos y farmacias para atender la emergencia humanitaria que vive el país Monseñor Juan Carlos Bravo (Sucre, 1965) abriga el mismo destino que el pueblo venezolano. A su casa no llega el agua, ni la comida, ni la electricidad. Pero esas carencias personales no es lo que más preocupa a este obispo venezolano. Su mayor dolor es el progresivo declive que vive la sociedad venezolana. «Es la estrategia utilizada por el Gobierno de Nicolás Maduro para perpetuarse en el poder», asegura el prelado a ABC durante su visita a Madrid para presentar la campaña de Ayuda a la Iglesia Necesitada, «Yo contigo Venezuela». ¿Cuál es la situación de la gente? Venezuela vive una crisis generalizada y en una pobreza extrema. Al Gobierno le interesa mantener la pobreza para permanecer en el poder. ¿Qué porcentaje de la población está desplazada? Alrededor del 15%. Eso trae graves consecuencias para las familias porque encontramos a los abuelos cuidando a sus nietos y niños que están al cuidado de los vecinos. Hay un aumento del alcoholismo, de la prostitución y la adicción a las drogas entre los más jóvenes, como consecuencia de unas familias cada vez más desestructuradas. ¿Cuál es el papel de la Iglesia? La Iglesia ha sido la primera que ha tenido que entrar en crisis y preguntarse cuál es su tarea fundamental. Evidentemente su misión es la evangelización, pero no se puede hacer una opción clara por Jesucristo sino estamos al lado de los pobres, de los huérfanos, de los enfermos. Por eso nuestra opción ha sido atender las necesidades de la gente y hacer pedagogía para que la propia Iglesia entienda que solo se puede ser cristiano si estamos inmersos en el destino del mismo pueblo. Por eso nuestras parroquias han dejado de ser templos convencionales donde se hace una vida sacramental y se celebra el culto y se han convertido en tiendas de campaña, en comedores sociales, en roperos y farmacias. «Es la institución que más incomoda al Gobierno porque a nosotros no nos pueden decir «cuentos»»¿Cuál es la situación de los sacerdotes? Lo más difícil para el obispo es mantener a los sacerdotes porque son sus principales colaboradores. No creo que haya una sola parroquia ni un solo sacerdote en Venezuela que pueda mantenerse por sí solo. Ni siquiera el obispo puede hacerlo. La gente gana un salario de cinco dólares al mes que no les alcanza ni para comer. ¿Cómo van a sostener a la Iglesia? Los sacerdotes también viven la tentación de salir del país como el resto de la población, pero nosotros tenemos que seguir al lado de nuestra gente, no podemos abandonar a los más pobres. Como decía san Óscar Romero: «Compartimos el destino de nuestro pueblo». Monseñor Bravo durante la visita a una parroquia de su diócesisMonseñor Bravo durante la visita a una parroquia de su diócesis – AIN¿Es incómoda la Iglesia para el régimen? Es la institución que tal vez más incomoda al Gobierno porque a nosotros no nos pueden decir «cuentos». Nosotros vivimos la misma realidad que comparten miles de personas. A mi casa tampoco llega el agua, ni la comida y la electricidad se va. Abrigo el mismo destino que la gente. Una Iglesia comprometida con la gente es una Iglesia que incomoda a todos aquellos que quieren mantenerse a cualquier precio en el poder induciendo al pueblo a la destrucción, a la angustia y a la desesperación. «A mi casa tampoco llega el agua, ni la comida y la electricidad se va. Abrigo el mismo destino que la gente»¿Reciben amenazas? ¿El régimen permite a la Iglesia hacer su trabajo? Se permite, pero también hay que decir que dentro del mismo Gobierno hay personas que se benefician de la labor que realiza la Iglesia porque también los chavistas sufren la falta de comida y de medicinas y las consiguen a través de las parroquias. La Iglesia no es un espacio de exclusión, sino de inclusión. Nosotros no tenemos una opción política, nuestra opción es auxiliar a cualquier ser humano, por el simple hecho de ser un ser humano. ¿Cuál es la situación más difícil que le ha tocado vivir como obispo? Lo más duro es ver morir a los niños por falta de antibióticos y saber que no puedes hacer nada. Ver morir también a ancianos porque están totalmente desnutridos. A veces nos sentimos atados de manos porque no tenemos cómo ayudarlos. Y en medio de esta dura realidad, escuchas al Gobierno decir que Venezuela tiene el mejor sistema de salud, el mejor sistema educativo… La mentira no es cristiana. Prensa CEVNota publicada por ABC de España30 de diciembre de 2019

05
Ene
Conferencia Episcopal Venezolana

Mensaje del Presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana Mons. José Luis Azuaje Ayala, al finalizar el año 2019

«Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado» Is. 9,6 Al finalizar el año, damos gracias a Dios por la vida y las experiencias vividas, más aún, sabiendo que estamos en tiempo de Navidad donde «el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros» (Jn 1,14). Esta realidad salvífica es la que más debemos agradecer; la venida del Emmanuel, el Dios con nosotros. Es una realidad de vida que nos impulsa a gastar nuestra existencia mostrando el rostro misericordioso de Dios en medio de las realidades humanas, que tantas veces se tiñen de injusticias y sufrimientos. Cuando Jesús nació, existían todos los males que hoy encontramos en nuestro país. No pudo nacer en una casa, o una posada; nació en un establo, nació en medio de la pobreza. De esta manera quiso dignificar a los más pobres, a aquellos que sienten que ya no hay futuro, que la esperanza es un mito. Pero la realidad es otra: caminar hacia el futuro asumiendo el presente con las adversidades de cada momento, ese es la propuesta de vida. No es sólo mirar hacia el futuro, sino caminar hacia él, comprometerse en él. En tiempos de Jesús, también el pueblo era empobrecido por sus gobernantes para ejercer sobre él un control social; usaban las armas de los soldados para someter a la población. Quienes vivían fuera de los muros de las ciudades, comían las migajas que dejaban los transeúntes, era el inframundo, como pasa en el interior de nuestro país, sin gasolina, sin servicios públicos, sin medicamentos y sin acceso a alimentos debido a los altos costos. Jesús conoce nuestra realidad y sabe que es finita, que ella pasará; pero él no se quedó pasivo, sobre él no tuvo efecto el control social para ejercer la profecía; Él salió a organizarse en pequeños grupos de creyentes que mantenían muy bien la memoria histórica de los sucesos de su pueblo, los formó y los preparó para convertirse en propulsores de algo nuevo: la construcción de un reino de justicia, paz y amor. Desde ese momento cambió la perspectiva de «ser pueblo», ya no subyugado por la tiranía, sino consciente de ser «sujeto», con una responsabilidad histórica: vencer la maldad desde la verdad y la libertad que vienen de Dios. Como pueblo venezolano, sabemos los sufrimientos vividos en los últimos años, pero por más que «aprieten», el pueblo con dignidad sabe que siempre hay un mañana que fortalece el espíritu de lucha en la búsqueda del bien común, la verdad y la libertad. No hay vuelta atrás. La propuesta nos la da el Dios de la vida: «he venido para que todos tengan vida, y vida en abundancia» (Jn 10,10). Pero esta vida no cae del cielo, sino que se construye desde los valores que fortalecen el ímpetu de lucha en la sociedad: la honestidad, la verdad, la paz, la justicia y la solidaridad. Quienes han sentido la tentación de declinar ante el miedo y la incertidumbre, les doy la buena noticia: «un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado y la soberanía reposará sobre sus hombros…» (Is 9,6). Recibamos el nuevo año desde nuestros propios contextos de vida, aquellos que se encuentren solos porque su familia ha emigrado vayan al pesebre, y abracen a la familia de Belén que también fue migrante; abracen a sus seres queridos con el compromiso de «ser sujetos» de esta historia para hacer de ella, una historia viva del pueblo y no dejar que otros hagan de ella una ficción. No olvidemos a los más pobres y descartados, que sepamos leer en sus sufrimientos el reclamo de Dios: «¿Dónde está tu hermano?» (Gn. 4,9). A todas las hermanas y hermanos venezolanos en nombre de mis hermanos obispos, les envío un abrazo fraterno, deseándoles un esperanzador año nuevo 2020. 31 de diciembre de 2019 +José Luis Azuaje AyalaArzobispo de MaracaiboPresidente de la Conferencia Episcopal Venezolana