Con el propósito de hacer memoria viva de una experiencia reciente de la evangelización, el secretario del Dicasterio para la Comunicación de la Santa Sede, monseñor Lucio Adrián Ruiz, encabezó un espacio de reflexión para “revivir un poco lo que hemos vivido sea presencial que virtualmente en el Jubileo de los misioneros digitales e influencers católicos”. El encuentro, animado por los comunicadores del Movimiento de Schoenstatt, permitió conocer la esencia, los aprendizajes y los desafíos que dejó esta cita eclesial celebrada en Roma. Monseñor Ruiz agradeció la participación de quienes se sumaron a este ejercicio de memoria agradecida, recordando que fueron “días de gracia, de comunión, de alegría que fueron muy importantes”, y resaltó que lo vivido “tiene que seguirle sonando a nuestros corazones para que resuene en la Iglesia”. Tres momentos para comprender la experiencia jubilar El secretario del Dicasterio estructuró su reflexión en tres grandes momentos: los objetivos del Jubileo, las claves surgidas de ponencias y testimonios, y la voz profética del Papa León XIV como brújula para el futuro. Dos grandes objetivos: acogida y conciencia misionera. El Jubileo nació con una doble intención. La primera: que los misioneros digitales se sintieran “amados, bienvenidos, abrazados”. La segunda: ayudar a que la Iglesia universal descubriera la misión digital como “una verdadera nueva página misionera de la historia misionera de la Iglesia”. Sobre la acogida, Mons. Ruiz explicó que se buscó que todos: evangelizadores en Instagram, YouTube, TikTok, blogs, podcasts o WhatsApp, experimentaran que “no están solos, que la Iglesia los reconoce como parte viva de su misión”. Roma fue presentada simbólicamente como casa común: “Disfruten de la ternura de la madre Iglesia”. El gesto evocó el abrazo del columnado de Bernini: “Dos brazos que abrazan el mundo… quisimos que este jubileo fuese un signo visible de la Iglesia que los abraza”. El reconocimiento incluyó gratitud explícita: “Gracias por arriesgarse, gracias por poner tu rostro, tu nombre, tu vida… lo que hacen vale y lo necesitamos”. Cultura digital El segundo objetivo apuntó a un cambio de mirada eclesial. Citando al cardenal Pietro Parolin, recordó: “La misión de la Iglesia no es una estrategia de comunicación”. Desde esta perspectiva, el entorno digital no es solo herramienta, sino cultura: “Allí la gente piensa, siente, ama, sufre… y por eso allí también tiene que estar el Evangelio”. El Jubileo recogió así el discernimiento del Sínodo de la Sinodalidad, que reconoció la misión digital como campo pastoral, consolidando lo que Mons. Ruiz definió como “un punto de inflexión”. Seis claves surgidas de discursos y testimonios Las intervenciones de cardenales, prefectos y expositores convergieron en seis ejes. Comunión: El Card. Parolin insistió en que lo digital es un ambiente que moldea relaciones. Paolo Ruffini lo expresó con una imagen: “La Iglesia ya era una red antes de que existiera la red”. La comunión, se subrayó, no se mide en seguidores, sino en pertenencia al Cuerpo de Cristo. Formación: como clave en la que se reiteró la necesidad de alfabetización mediática y espiritual. Ruffini habló de evitar la improvisación, mientras David McLaughlin invitó a la contemplación y al discernimiento, recordando que no basta aprender herramientas, sino “cultivar una mirada creyente”. Testimonio: inspirado en Pablo VI, se dijo: “El mundo de hoy no escucha a los influencers, sino a los testigos”. El padre Antonio Spadaro reforzó: “No estáis aquí para recibir una estrategia… estáis aquí porque algo os quema por dentro”. Unidad, sinodalidad y fraternidad Unidad: Se alertó sobre divisiones y polarizaciones. “Podremos ganar una discusión, pero si rompemos la comunión, el que pierde es el Evangelio”. Se recordó que el sujeto de la evangelización es la Iglesia, no iniciativas aisladas. Sinodalidad: Kim Daniels destacó que lo digital puede favorecer escucha y participación: “Permiten dar voz a los que no la tienen”. El cardenal Tagle añadió que la Iglesia crece por atracción, también en entornos digitales. Fraternidad: El padre Spadaro resumió: “No eres una marca, eres una bendición… no crees un fan club, sino una fraternidad”. El cardenal Czerny recordó no olvidar a los pobres: “La misión digital no debe olvidar a los descartados”. Estas claves se vivieron en oración, lágrimas, risas y abrazos entre evangelizadores que se conocían solo por redes. La voz profética del Papa León XIV La aparición sorpresiva del Papa durante la misa final, junto a la tumba de Pedro, fue descrita como el momento culminante. Sus palabras ofrecieron tres orientaciones. “Buscad siempre la carne sufriente de Cristo… no se trata simplemente de generar contenidos, sino de encontrar corazones”. El Papa recordó que detrás de cada pantalla hay heridas reales. “Id a reparar las redes”, invitó a sanar divisiones, fake news y polarizaciones, siendo constructores de paz. “Quiero darles las gracias por todo el bien que habéis hecho”. Un reconocimiento que confirmó que esta misión “es valiosa y necesaria”. Testimonios que encarnan la experiencia Justina Kleine, comunicadora argentina resaltó la diversidad cultural: “Éramos alrededor de mil evangelizadores… y podíamos comunicarnos como si nada”, evocando “la escena de Pentecostés”. Subrayó el impacto de la adoración en San Pedro, la jornada penitencial y el encuentro cara a cara con otros misioneros. Las palabras del Papa ayudaron a comprender que la misión busca “generar un encuentro de corazones”. También resaltó que muchas conversiones comienzan en redes y culminan en la Iglesia: personas que “terminaron yendo a buscar finalmente al mismo Jesús”. Verónica Brunkow, consagrada brasileña, parte de la organización, confesó el vértigo inicial: “¿Cómo se organiza un jubileo que nunca antes se hizo?”. Resumió la experiencia en la lógica evangélica de “cinco panes y dos peces”. Enmarcó el evento en el Jubileo “Peregrinos de esperanza” y lo calificó como signo profético para la misión digital. Citó el envío del Papa a “alimentar con esperanza cristiana las redes sociales”. El encuentro reunió participantes de 71 países: “La misión digital rompe fronteras”. La presencia de cardenales, obispos, sacerdotes, religiosas y laicos fue para ella “un signo de esperanza muy potente”. Jesmary Velásquez, misionera de Puerto Rico vivió cada momento “como un regalo tras otro”: la adoración, la misa, los jardines vaticanos. Observó a todos documentando la experiencia y comprendió el sentido: compartir es parte de la misión. Recordó palabras del Papa: “Redes que abran espacio al otro… donde ninguna burbuja de filtros pueda apagar la voz de los más débiles”. Gracias a fotos y videos, dijo, el Jubileo llegó también a quienes
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