Las voces de los jóvenes en el corazón de los Papas
Vaticano. Con motivo del Jubileo de los jóvenes, que se celebrará en Roma del 28 de julio al 3 de agosto, repasamos, a partir del Año Santo de 1950, algunas reflexiones de los Pontífices, durante el tiempo jubilar, sobre las nuevas generaciones: sueños, inquietudes y esperanzas a la luz del Evangelio. Celebraciones, encuentros y momentos festivos en los que resuenan voces y esperanzas en múltiples idiomas y procedentes de todas partes del mundo. El Jubileo de los jóvenes, programado en Roma del 28 de julio al 3 de agosto, es también una oportunidad extraordinaria para peregrinar a las Puertas Santas, recibir la indulgencia jubilar al acercarse al sacramento de la reconciliación y encontrarse con el Papa León XIV en la Vigilia de oración del sábado 2 de agosto y en la Misa del domingo 3 de agosto en Tor Vergata. Un evento en el que la fe abraza las dudas, las esperanzas, las inquietudes y los sueños de quienes están llamados a vislumbrar y construir el futuro. Durante el Año Santo, las voces de los papas se entrelazan a menudo con las de las nuevas generaciones. Al observar el magisterio pontificio, se encuentran múltiples ideas y reflexiones, siempre actuales, que trascienden su contexto histórico. Centrándonos en la historia reciente y en los jubileos vividos por los pontífices, el Año Santo tras la Segunda Guerra Mundial es para los jóvenes un momento en el que pueden mirar al horizonte con nuevos ojos, a pesar de la oscuridad que ha envuelto al mundo. El coraje de los jóvenes El Jubileo de 1950 es una extraordinaria luz de esperanza tras la inmensa devastación de la Segunda Guerra Mundial. Para garantizar la acogida de millones de peregrinos, se entrega un pasaporte especial válido en el territorio italiano: la «Carta del Peregrino». A Roma llegan tres millones de fieles y durante el Año Santo se organizan numerosos encuentros dedicados, en particular, a los jóvenes. En un mundo aún marcado por las lacerantes heridas del conflicto, las reflexiones y los discursos de Pío XII giran principalmente en torno a la palabra paz. Para el Papa Pacelli, la participación de los jóvenes en la vida pública es crucial para que la semilla del bien común eche raíces en la sociedad. En el mensaje radiofónico de Navidad de 1950, el Papa subraya que las nuevas generaciones necesitan ejemplos ilustrados: se necesitan gobernantes que no limiten sus puntos de vista, sino que sepan ampliar sus horizontes por el bien de todos. Los pueblos solo pueden esperar la paz interna de hombres, gobernantes o gobernados, líderes o secuaces que, en la defensa de sus intereses particulares y sus propias opiniones, no se obstinan ni se empequeñecen en sus puntos de vista, sino que saben ampliar sus horizontes y elevar sus miras por el bien de todos. Si en no pocos países se lamenta una deplorable falta de participación de las generaciones jóvenes en la vida pública, ¿no es acaso la causa también que se les ha ofrecido muy poco o muy raramente el brillante y fascinante ejemplo de hombres como los que acabamos de describir? Incluso en tiempos difíciles, atormentados por las miserias de la guerra, los jóvenes demostraron su valentía. El Papa Pío XII lo recuerda al reunirse el 5 de enero de 1950 con una organización juvenil, la Asociación de Guías Italianas, con motivo de su peregrinación a Roma. Ante nuestros ojos, por así decirlo, uds. han sembrado esta semilla con valentía. Ante nuestros ojos, cuando en la Roma ocupada no se permitían ceremonias públicas, uds. pronunciaron su primera «Promesa» en los recintos sagrados del Cementerio de Priscila. El espíritu de las catacumbas y la conciencia del presente, del hoy, se fusionaron entonces en sus jóvenes almas en una unión indisoluble y fructífera, bajo la mirada de la Madre de Dios y la protección de San Jorge, el Caballero santo… A la juventud de hoy le corresponderá la dirección y la responsabilidad del mañana. Vivan si hoy en la presencia continua e ininterrumpida de Dios. Solo asícontribuirán a que surja para la Iglesia, para la Patria, para sus hermanos y hermanas, para ustedes mismos, un futuro en el que el demonio del odio y la discordia, de la impureza y de la mentira, tenga que ceder el paso al ángel de la verdad y la paz. Firmes en la fe El Jubileo de 1975 es el Año Santo de la renovación y la reconciliación, el vigésimo quinto Jubileo en la historia de la Iglesia, convocado por el Papa Pablo VI diez años después de la conclusión del Concilio Vaticano II. El 9 de marzo, el Papa Montini se reúne con algunos grupos de peregrinos que han llegado a Roma para el Jubileo. El Pontífice exhorta, especialmente a los jóvenes, a permanecer firmes en la fe. Este don, subraya el Papa, «no se agota en una adhesión puramente exterior y pasiva, sino que requiere un esfuerzo continuo de profundización y maduración». Les repetiremos, pues, la advertencia de San Pedro Apóstol: «Sean firmes en la fe» (1 Pe 5, 9). No se puede ser débil. Este es el recuerdo especial que queremos dejarles en este Jubileo de 1975. Es una invitación que proponemos a todos, pero de manera especial a los jóvenes —y hay muchos aquí presentes entre ustedes— porque es en los jóvenes, en su generosidad y en sus frescas energías, donde se fundamenta el futuro de la Iglesia y de la sociedad. El Jubileo quiere ser ante todo un despertar interior, una búsqueda de uno mismo. Para las nuevas generaciones se trata, ante todo, de ser conscientes de su propia identidad. En la homilía durante la misa del Domingo de Ramos, el 23 de marzo de 1975, el Papa Pablo VI pide a los jóvenes que no se queden al margen, que sean portadores de la alegría cristiana: «Están aquí como típicos representantes de nuestro tiempo, como protagonistas de su generación; no tanto como espectadores, invitados y asistentes pasivos, sino como actores y factores del fenómeno característico de su juventud». El Jubileo
