México.- Monseñor Miguel Cabrejos, presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam) y arzobispo de Trujillo (Perú), estuvo a cargo del Mensaje de apertura a la Primera Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe y ha agradecido en primer lugar “una vez más al Dios de la vida y a Nuestra Madre María de Guadalupe, así como a tantas personas que han hecho posible este encuentro virtual y presencial”. Además aprovechó la ocasión para agradecer al “Papa Francisco por su cercanía y apoyo permanente, a los representantes de la Santa Sede que participan en esta Asamblea, a los invitados especiales que nos acompañan, a todas las instancias eclesiales y miembros del Pueblo de Dios que han participado en el proceso de preparación, a los representantes de otras iglesias, y en particular a la Conferencia Episcopal Mexicana por acogernos en su Sede y brindarnos su ayuda”. En este sentido, ha señalado que “el sucesor de Pedro nos indica el espíritu que debe animar la Asamblea y el itinerario a seguir. Este ‘caminar juntos’, significado literal de la sinodalidad, se acompaña de la fuerza renovadora que nos ha dado el Concilio Vaticano II, donde no sólo se pide una conversión de la Iglesia, sino que nos da las bases para lograrla. Esta Asamblea, junto con todo el magisterio Latinoamericano, es una expresión del modo en que nuestra Iglesia continúa en su compromiso por vivir a plenitud los llamados del Concilio Vaticano II”. Por otra parte, el prelado ha recordado: “Aparecida, en el 2007, como experiencia eclesial que inspira y acompaña esta Asamblea, nos llama a todos a ser discípulos misioneros, y a pasar de una “pastoral de mera conservación a una pastoral decididamente misionera” (DAp 370). Esperamos que esta Asamblea sea un instrumento significativo para este fin”. “El acontecimiento que hoy iniciamos formalmente se enmarca en el intenso proceso de discernimiento vivido por el Episcopado Latinoamericano, con algunos representantes de otras instancias eclesiales, en la Asamblea del CELAM enTegucigalpa (2019). Ahí se dieron las orientaciones para realizar una renovación y reestructuración pastoral e institucional del Celam”, acotó. A continuación presentamos el discurso completo: MENSAJE DE APERTURA A LA PRIMERA ASAMBLEA ECLESIAL DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBECasa Lago, Ciudad de México22 de noviembre de 2021Mons. Miguel Cabrejos, OFMPresidente del CELAM Deseo comenzar este mensaje de apertura, agradeciendo una vez más al Dios de la vida y a Nuestra Madre María de Guadalupe, así como a tantas personas que han hecho posible este encuentro virtual y presencial. Un agradecimiento al Papa Francisco por su cercanía y apoyo permanente, a los representantes de la Santa Sede que participan en esta Asamblea, a los invitados especiales que nos acompañan, a todas las instancias eclesiales y miembros del Pueblo de Dios que han participado en el proceso de preparación, a los representantes de otras iglesias, y en particular a la Conferencia Episcopal Mexicana por acogernos en su Sede y brindarnos su ayuda. Retomo las palabras que Su Santidad, el Papa Francisco, nos dirigió en enero de este año a todos los que hoy somos parte de esta experiencia sinodal inédita para nuestra Iglesia en América Latina y el Caribe, en comunión con toda la Iglesia universal: “Esta Asamblea debe estar junto al pueblo, no se olviden que todos somos parte del Pueblo de Dios… Ese pueblo de Dios que es infalibile in credendo, como nos dice el Concilio Vaticano II, es el que nos da la pertenencia… la Iglesia se da al partir el pan, la Iglesia se da con todos sin exclusión y una Asamblea Eclesial es signo de esto; de una Iglesia sin exclusión”. El sucesor de Pedro nos indica el espíritu que debe animar la Asamblea y el itinerario a seguir. Este “caminar juntos”, significado literal de la sinodalidad, se acompaña de la fuerza renovadora que nos ha dado el Concilio Vaticano II, donde no sólo se pide una conversión de la Iglesia, sino que nos da las bases para lograrla. Esta Asamblea, junto con todo el magisterio Latinoamericano, es una expresión del modo en que nuestra Iglesia continúa en su compromiso por vivir a plenitud los llamados del Concilio Vaticano II. De hecho, el Decreto Conciliar Unitatis Redintegratio, (noviembre, 1964), presenta de forma clara la necesidad de reforma permanente de la Iglesia: “La Iglesia peregrina en este mundo es llamada por Cristo a una permanente reforma, de la que ella, en cuanto institución terrena y humana, necesita permanentemente” (n.6). Esto se realiza desde la concepción eclesiológica propuesta por el Concilio, que concibe a la Iglesia como sacramento universal de salvación (cf LG 1), pueblo de Dios (LG 2), sujeto histórico de la evangelización; todo el Pueblo de Dios anuncia el Evangelio (EG 111-134); por eso, cada bautizado es convocado a ser protagonista en la misión con un énfasis ministerial (LG 3). Aparecida, en el 2007, como experiencia eclesial que inspira y acompaña esta Asamblea, nos llama a todos a ser discípulos misioneros, y a pasar de una “pastoral de mera conservación a una pastoral decididamente misionera” (DAp 370). Esperamos que esta Asamblea sea un instrumento significativo para este fin. El acontecimiento que hoy iniciamos formalmente se enmarca en el intenso proceso de discernimiento vivido por el Episcopado Latinoamericano, con algunos representantes de otras instancias eclesiales, en la Asamblea del CELAM en Tegucigalpa (2019). Ahí se dieron las orientaciones para realizar una renovación y reestructuración pastoral e institucional del CELAM. Entre muchas directrices, quisiera compartir algunas que nos ayuden a comprender el camino hacia esta Primera Asamblea Eclesial: 1. Hacer un alto en el camino para realizar un análisis y discernimiento serios sobre la misión pastoral del CELAM;2. Animar a que el CELAM sea una escuela de sinodalidad;3. Reestructurarnos para responder a la realidad y ser competentes ante ella;4. Idear otra estructura pastoral más adecuada. Con este mandato, el CELAM, junto con toda la Iglesia en América Latina y el Caribe, se ha puesto en actitud de escucha, con la convicción de que en este “Kairós”, que es el tiempo propicio de Dios,
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