El Papa a la Rota Romana: Resplandezca en su labor el servicio a la verdad en la caridad

26
Ene
2026

Vaticano. León XIV recibió en audiencia a los prelados del Tribunal Apostólico de la Rota Romana, con motivo de la apertura del Año Judicial y los instó a orientar la actividad judicial según los criterios de verdad y caridad. «No se trata de dos principios opuestos, sino de dos dimensiones intrínsecamente unidas, que encuentran su armonía más profunda en el misterio mismo de Dios, que es Amor y Verdad”.

«Ustedes están llamados a custodiar la verdad con rigor, pero sin rigidez, y a ejercer la caridad sin omisión»: lo recordó el Papa León XIV a los prelados del Tribunal Apostólico de la Rota Romana, a quienes recibió en audiencia en la mañana del 26 de enero en el Vaticano, con motivo de la apertura del Año Judicial.

Dirigiéndose a los cerca de 400 prelados auditores presentes, Pontífice manifestó, en primer lugar, su aprecio por el trabajo que realizan, “que es un servicio precioso a la función judicial universal que compete al Papa y en la que el Señor los ha llamado a participar”.

Verdad, justicia y caridad

El Papa focalizó su discurso en un tema fundamental que ha sido dominante en los discursos dirigidos al Tribunal de la Rota Romana desde Pío XII hasta el Papa Francisco: “la estrecha relación que existe entre la verdad de la justicia y la virtud de la caridad”. No se trata – puntualizó –  de dos principios opuestos, ni de valores que deben equilibrarse según criterios puramente pragmáticos, sino de dos dimensiones intrínsecamente unidas, que encuentran su armonía más profunda en el misterio mismo de Dios, que es Amor y Verdad.

El riesgo de la relativización de la verdad 

“No es raro que surja una tensión dialéctica entre las exigencias de la verdad objetiva y las preocupaciones de la caridad”, precisó, subrayando que “a veces se percibe el riesgo de que una excesiva identificación con las vicisitudes  – a menudo turbulentas – de los fieles pueda conducir a una peligrosa relativización de la verdad”.

De hecho, una compasión mal entendida, aunque aparentemente motivada por el celo pastoral, corre el riesgo de empañar la necesaria dimensión e l averiguación de la verdad propia del oficio judicial.

«Esto puede ocurrir, además de en el ámbito de las causas de nulidad matrimonial – donde podría dar lugar a deliberaciones de carácter pastoral carentes de un fundamento objetivo sólido – también en cualquier tipo de procedimiento, viciando su rigor y equidad», detalló el Santo Padre.

Respeto y misericordia

Por otra parte – observó León XIV – a veces puede darse una afirmación fría y distante de la verdad que no tiene en cuenta todo lo que exige el amor a las personas, omitiendo aquellas preocupaciones dictadas por el respeto y la misericordia, que deben estar presentes en todas las fases de un proceso.

Al considerar la relación entre la verdad y la caridad, el Obispo de Roma indicó la “clara orientación” que nos viene dada por la enseñanza del apóstol Pablo, que exhorta así: «Actuando con verdad en la caridad, procuremos crecer en todo hacia él, que es la cabeza, Cristo» (Ef 4,15).

Veritatem facientes in caritate: no se trata solo de adaptarse a una verdad especulativa, sino de «hacer la verdad», es decir, una verdad que debe iluminar todo el actuar. Y esto debe realizarse «en la caridad», que es el gran motor que lleva a hacer verdadera justicia.

La salus animarum

“Ustedes están llamados a ser «cooperadores de la verdad»”, continuó el Santo Padre, citando esta vez a San Juan. Y  seguidamente, remitiéndose a la encíclica Caritas in veritate deBenedicto XVrecordó que «la verdad debe buscarse, encontrarse y expresarse en la «economía» de la caridad, pero la caridad, a su vez, debe comprenderse, valorarse y practicarse a la luz de la verdad» (n. 2).

Por lo tanto, vuestra actuación debe estar siempre motivada por ese amor verdadero al prójimo que busca ante todo su salvación eterna en Cristo y en la Iglesia, lo que implica la adhesión a la verdad del Evangelio. Encontramos así el horizonte en el que debe situarse toda la actividad jurídica eclesial: la salus animarum como ley suprema en la Iglesia. De este modo, vuestro servicio a la verdad de la justicia es una contribución de amor a la salvación de las almas.

En el marco de “la verdad en la caridad” se podrían enmarcar todos los aspectos de los procesos canónicos, añadió el Papa y señaló, en primer lugar, que “la actuación de los distintos protagonistas del proceso debe estar totalmente marcada por el deseo activo de contribuir a esclarecer la sentencia justa a la que se debe llegar, con una rigurosa honestidad intelectual, competencia técnica y conciencia recta”.

El objetivo que une a todos los operadores en los procesos, cada uno en la fidelidad a su función, es la búsqueda de la verdad, que no se reduce al cumplimiento profesional, sino que debe entenderse como expresión directa de la responsabilidad moral. Esto lo mueve en primer lugar la caridad, sabiendo sin embargo ir más allá de las exigencias de la sola justicia, para servir en la medida de lo posible al bien integral de las personas, sin alterar su función, sino ejerciéndola con pleno sentido eclesial.

Una verdadera vocación profesional

Para el Pontífice, el “servicio a la verdad en la caridad debe resplandecer en toda la labor de los tribunales eclesiásticos”. Y esto,debe poder ser apreciado por toda la comunidad eclesial y especialmente por los fieles involucrados.

Los procesos canónicos deben inspirar la confianza que proviene de la seriedad profesional, del trabajo intenso y atento, de la dedicación convencida a lo que puede y debe percibirse como una verdadera vocación profesional. Los fieles y toda la comunidad eclesial tienen derecho a un ejercicio recto y oportuno de las funciones procesales, porque es un camino que afecta a las conciencias y a las vidas.

Actuar según una deontología

Todos los operadores de justicia deben actuar según una deontología, que debe estudiarse y practicarse con cuidado en el ámbito canónico, haciendo que sea verdaderamente ejemplar, evidenció a continuación el Papa. Y en este sentido, señaló que “un estilo inspirado en la deontología debe impregnar también el trabajo de los abogados cuando asisten a los fieles en la defensa de sus derechos, protegiendo los intereses de las partes sin sobrepasar nunca lo que en conciencia se considera justo y conforme a la ley”.

Los promotores de justicia y los defensores del vínculo son piezas clave en la administración de justicia, llamados por su misión a proteger el bien público. Un enfoque meramente burocrático en un papel de tal importancia perjudicaría claramente la búsqueda de la verdad.

El juez, agente de paz

León XIV dedicó también palabras a los jueces, que “llamados a la grave responsabilidad de determinar lo justo, que es lo verdadero, no pueden dejar de recordar que la justicia camina con la pazy está con ella en relación constante y dinámica. La justicia y la paz miran al bien de cada uno y de todos, por eso exigen orden y verdad. Cuando una está amenazada, ambas se tambalean; cuando se ofende la justicia, se pone en peligro también la paz”. Y desde esta perspectiva, “el juez se convierte en un agente de paz que contribuye a consolidar la unidad de la Iglesia en Cristo”.

El proceso no es en sí mismo una tensión entre intereses contrapuestos, como a veces se malinterpreta, sino que es el instrumento indispensable para discernir la verdad y la justicia en el caso. La contradicción en el proceso judicial, por consiguiente, es un método dialógico para la verificación de la verdad.

“La experiencia jurídica acumulada da testimonio del papel imprescindible del contradictorio y de la importancia decisiva de la fase de instrucción” añadió el Papa, destacando que el juez, “manteniendo su independencia e imparcialidad, deberá resolver la controversia según los elementos y argumentos que hayan surgido en el proceso”.

No respetar estos principios básicos de justicia – y favorecer una disparidad injustificada en el tratamiento de situaciones similares – supone un perjuicio considerable para el perfil jurídico de la comunión eclesial.

26 de enero de 2026
Fuente: Vatican News
CEV Medios