Congreso de la CIEC y el desafío de educar para construir la paz

26
Ene
2026

Un espacio de encuentro, escucha y discernimiento, fue como se vivió el XXIX Congreso de Educación Católica CIEC efectuado de manera reciente en Lima. Una oportunidad en la que profesores, líderes y comunidades educativas del continente, analizaron temas coyunturales para concluir que no pueden aferrarse al pasado, ni dejarse arrastrar por las modas del presente, mucho menos dejarse agobiar por la realidad.

Por el contrario, el objetivo es mirar el futuro de la educación católica con esperanza, siempre desde una identidad viva, en movimiento constante y comprometida con la transformación de la realidad. En esta línea, los educadores y directivos del continente proponen cinco criterios básicos que emergen como las grandes conclusiones de este trabajo. Con cada tema se reafirma su deseo de asumir la educación como un acto profundamente humano, comunitario y esperanzador.

Así “la educación católica no nace del miedo, ni de la nostalgia, sino de la convicción de que cada persona es un misterio digno de ser acompañado y de que el mundo, aún herido y fragmentado, puede ser mejorado a través de una educación con sentido, corazón y propósito”.

Al respecto, el Congreso de Educación Católica CIEC ratifica cinco claves para educar en este tiempo.

Educar es tejer esperanza en comunidad y en relación

“Nadie se educa solo. La escuela católica es comunidad educativa, pacto y red”. En ella, docentes, directivos, familias, estudiantes e instituciones caminan juntos, en un ambiente de corresponsabilidad, convencidos de que educar es un acto de esperanza compartida, que responde a un mundo marcado por el individualismo, la fragmentación y la incertidumbre.

La tradición inspira cuando es raíz viva

Los educadores tienen la certeza de que la tradición de la escuela católica no es un museo de recuerdos, sino una memoria fecunda que da identidad, sentido y horizonte. La tradición inspira cuando se encarna, cuando dialoga con la realidad, cuando se deja interpelar por los signos de los tiempos.

La persona siempre es el centro

Toda propuesta educativa, toda innovación pedagógica, todo uso de la tecnología y toda estrategia institucional, solo cobran sentido si ponen a la persona en el centro. Así reafirman una educación integral que articule fe y razón, pensamiento crítico y formación ética, excelencia académica y compromiso social, interioridad y acción.

En tiempos de crisis emocional, aceleración digital y vulnerabilidad global, la educación católica está llamada a formar mentes lúcidas, corazones habitados y manos comprometidas para promover hábitos pacíficos que garanticen una paz desarmada y desarmante.

La innovación transforma cuando nace del discernimiento

El XXIX Congreso ha sido muy claro: innovar no es copiar modas ni acumular recursos tecnológicos. Innovar es discernir lo qué ayuda verdaderamente a aprender mejor y a vivir mejor. La inteligencia artificial, el currículo, el marketing educativo, la gestión y la sostenibilidad, solo son transformadores cuando están alineados con la identidad, el proyecto educativo y el bien común.

Liderar es servir para que otros crezcan

Los educadores del continente reafirman la centralidad del liderazgo educativo como liderazgo interior, virtuoso, facilitador y compartido. Liderar es primero liderarse a uno mismo; es crear condiciones para el aprendizaje, el bienestar y la transformación; es sostener procesos, no solo gestionar resultados.

En el marco del XXIX Congreso de Educación Católica se presentó el libro del investigador Diego Antonio Pineda. El texto además de abordar los anteriores temas analiza una de las prioridades que propuso el Papa León XIV al referirse a ese rumbo que debe seguir la educación católica y está plenamente relacionado con una necesidad latente en nuestro continente: la construcción de paz. Un documento que aporta elementos de reflexión para la educación de este tiempo.

26 de enero de 2026
Fuente: CELAM
CEV Medios