«Nuestra misión, hoy más que nunca, es ser el bálsamo en la herida»: CEV conmemora 127° aniversario de la Venezuela al Santísimo Sacramento del Altar

02
Jul
2026

La capilla de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV) fue el escenario de una emotiva celebración eucarística con un doble motivo de profunda significación social. El encuentro sagrado sirvió para conmemorar el 127⁰ aniversario de la consagración de la nación al Santísimo Sacramento del Altar. Al mismo tiempo, para elevar plegarias al cumplirse una semana del fuerte movimiento telúrico que sacudió al territorio nacional el pasado 24 de junio.

La Santa Misa estuvo presidida por Monseñor José Luis Azuaje, Arzobispo de Maracaibo y primer vicepresidente de la CEV. En compañía de Monseñor José Antonio Da Conceição, obispo de la Diócesis de Puerto Cabello y secretario general de la institución. Junto al Presbítero Antonio Arocha, subsecretario de la CEV. También, se contó con la presencia de la directora ejecutiva de Cáritas Venezuela, Janeth Márquez, el Padre Enrique Camacho, director de Cáritas Puerto Rico. Asistieron además el Pbro. José Daniel Dallos y el Pbro. Nedwar Andrades. Además, participó el personal administrativo de la sede eclesial y un nutrido grupo de voluntarios humanitarios.

Esperanza y fe ante la adversidad nacional

Durante la homilía, Monseñor Azuaje compartió una profunda reflexión sobre el dolor humano visible tras el derrumbe de estructuras. También, sobre el miedo colectivo y la irreparable pérdida de vidas humanas. Sumado al drama de quienes sufren heridas físicas y psicológicas al haber perdidos sus bienes materiales. Ante este panorama, el prelado hizo un llamado urgente a no fijar la mirada únicamente en las grietas del suelo o en las ruinas materiales. Recordando que desde la perspectiva de la fe, la destrucción y el caos jamás representan el desenlace final de la historia.

El representante de la CEV enfatizó que el Dios de la vida, vencedor de la cruz y de la muerte, sostiene la esperanza colectiva. Definió el temor como una respuesta natural del ser humano, contrapuesto a la esperanza, la cual catalogó como una determinación del espíritu. Comparando la realidad actual del país con el misterio del Sábado Santo, el Arzobispo aseguró que la divinidad no se encuentra distante del sufrimiento, sino encarnada en los afectados y manifestada activamente a través del servicio de los trabajadores institucionales, rescatistas, médicos, voluntarios y de la sociedad civil organizada que arriesga su integridad para salvar vidas.

«Si miramos sólo la grieta del suelo y las ruinas, el desentero puede ganarnos una batalla, pero la fe nos enseña una verdad rotunda, el caos, el miedo y la destrucción no tienen la última palabra», expresó en parte de la homilía.

Solidaridad eclesial y un llamado a la unidad institucional

El prelado resaltó cómo las réplicas del sismo han hecho emerger los valores más nobles de la identidad nacional, expresados en una comunión y fraternidad que se traducen en un Evangelio vivo. Afirmó que la Iglesia Católica, mediante sus instituciones, colegios y la red de Cáritas, actúa como una madre protectora que acompaña activamente el sufrimiento de sus hijos. Asimismo, extendió un profundo agradecimiento al voluntariado que encarna la acción providente de Dios en los momentos donde la fe y la capacidad de amar permanecen inquebrantables frente a las catástrofes.

«Venezuela está de pie porque su gente ha decidido ser el hombro donde el hermano llora. Ese amor fraterno, activo y valiente, es el evangelio hecho realidad», dijo.

Haciendo eco de las sagradas escrituras y la doctrina que promueve la Conferencia Episcopal Venezolana, se convocó a una necesaria convergencia de voluntades entre los organismos públicos, privados y especializados. Monseñor Azuaje insistió en la urgencia de deponer discursos políticos tradicionales para concentrar todos los esfuerzos en la atención prioritaria de las familias damnificadas. De igual modo, reconoció con gratitud el valioso soporte de las misiones internacionales de auxilio y la movilización de la diáspora venezolana en el exterior, proyectando al país no como una nación derrotada por la naturaleza, sino como un pueblo que se reconstruye con dignidad bajo el amparo de la Virgen de Coromoto.

Súplicas comunitarias por la sanación de Venezuela

La Eucaristía concluyó con las oraciones de los fieles, orientadas de manera especial a las siguientes intenciones, por:

El eterno descanso: Oración final por las almas de los fallecidos a causa del desastre natural, implorando la paz eterna para ellos y la resignación cristiana para s

La labor de la Iglesia: Petición por la Iglesia Universal, la Conferencia Episcopal Venezolana y Cáritas de Venezuela, con el fin de que sigan proclamando la caridad y sirviendo de guía moral y consuelo en el contexto nacional.

El bienestar de la nación: Ruegos por la renovación espiritual del país ante el Santísimo Sacramento, solicitando paz, justicia social, sanación.

Los damnificados del sismo: Súplicas por la fortaleza espiritual y el sustento material de todos los ciudadanos directamente perjudicados por el terremoto, facilitando la reconstrucción de sus hogares.

Los cuerpos de asistencia: Plegarias por la protección, eficacia y entrega del personal médico, rescatistas y las Cáritas diocesanas y parroquiales en sus labores de auxilio.

02 de julio de 2026
Fuente: CEV
CEV Medios