Estados financieros de la Santa Sede: transparencia y sostenibilidad

05
Ago
2022

Vaticano.- El prefecto de la Secretaría para la Economía, en una entrevista con los medios de comunicación del Vaticano, examina el balance de 2021: 3 millones de euros de déficit frente a los 33 millones previstos. El tiempo de los sacrificios no ha terminado. A pesar de los resultados positivos, la Santa Sede se descapitaliza

“Hemos dado muchos pasos en este tiempo en la buena dirección de la trasparencia, de la tutela económica de la Santa Sede y de la sostenibilidad”: así comenta el padre Juan Antonio Guerrero Alves, prefecto de la Secretaría para la Economía, la publicación del Balance de 2021 de la Santa Sede. Los resultados – afirma – son mejores que los esperados, pero “para el futuro, tenemos delante de nosotros un tiempo muy incierto” y todavía hay que afrontar algunos problemas estructurales. Guerrero califica como un problema eclesial la insuficiente financiación de la misión del Papa y ve con satisfacción la venta del palacio de Londres “de modo transparente”.

Padre Guerrero, ¿cuáles son las novedades de este balance?

La primera noticia es el cambio de perímetro del consolidado. Ahí están los estados financieros de toda la Santa Sede. Sólo no están incluidos el Governatorato y el IOR. Este hecho significa un paso adelante en trasparencia y visibilidad de la situación económica completa de la Santa Sede; el camino emprendido continúa y se profundiza. En julio de 2021 el Consejo para la Economía introdujo importantes cambios que hacen que ahora el balance refleje mejor la realidad económica de la Santa Sede. En el perímetro anterior sólo teníamos visibilidad de un 35% del total. Hemos aumentado significativamente la dimensión: hemos pasado de 60 entes del perímetro anterior a los 92 del perímetro actual; de un total activo de 2,2 mil millones de euros en el 2020 a los 3,9 en el 2021; de un pasivo de 0,8 mil millones de euros a 2,3; de un patrimonio neto de 1,4 mil millones de euros a 1,6; los ingresos han pasado de 248 millones de euros a 1.093 millones de euros; los costes de 315 millones de euros a 1.096 millones de euros; el déficit total ha resultado ser de 3 millones de euros.

¿Cómo ha sido la tendencia del último año?

Una primera buena noticia es que los resultados son mejores de lo que se esperaba. Tanto en el nuevo como en el antiguo. En el nuevo perímetro era previsto un déficit de 33,4 millones de euros y, en realidad, ha resultado ser de 3,3 millones. El déficit operativo previsto eran 56 millones de euros y ha resultado ser 77,7 (es mayor porque en el presupuesto por problemas técnicos no se incluyó la Fundación Casa Sollievo della Sofferenza, que aporta un déficit de 30 millones de euros). También en este caso, los buenos resultados financieros han mitigado los resultados operativos. Si comparamos la cuenta económica de la Curia – el antiguo perímetro – con el presupuesto, con un déficit de 49,6 millones de euros encontramos un superávit de 28,8 millones (78,4 millones de euros mejor de lo esperado).

¿A qué se debe este superávit de la Curia?

El superávit del antiguo perímetro se debe totalmente a los resultados financieros (44,6 millones de euros), pero en comparación con el presupuesto los ingresos fueron 21,8 millones de euros mayores que los presupuestados, los gastos de 26,4 millones de euros menos de los presupuestados, y los resultados financieros de 30,2 millones de euros mejores de lo previsto. Es importante tener en cuenta que los resultados financieros son principalmente no realizados, es decir, no materializados y sujetos a la volatilidad de los mercados financieros y a los movimientos de los tipos de cambio.

¿Cómo valora las cifras de este balance?

No buscamos superávit, sino la sostenibilidad del servicio de la Santa Sede. Un déficit de 3 millones de euros en un presupuesto de 1.100 millones no es tanto, está prácticamente equilibrado, y no parece una cifra para preocuparse. Pero si hacemos un análisis más detallado, hay algunas áreas que mejorar. El primer análisis es que hay un déficit operativo de 62 millones de euros, que los buenos resultados financieros del 2021 han mitigado para dejar el déficit en 3 millones. Cuando los resultados financieros no son tan favorables como en el 2020, surge el déficit operativo.

Usted ha insistido mucho en años anteriores en el “balance de misión”. ¿Está creciendo esta conciencia?

Creo que toda institución curial es muy consciente de su misión de ayuda a la Misión del Santo Padre, que la lleva a cabo con dedicación y, en estos tiempos de dificultad económica, trata de hacerlo con austeridad, atendiendo lo esencial de la misión. La Curia, que es la que permite una mejor comparación con los años anteriores – el antiguo perímetro del balance consolidado – sigue mostrando una financiación insuficiente, que yo definiría como un problema eclesial. La misión del Papa no está suficientemente financiada. En el 2021, la Curia (excluyendo los resultados del Óbolo, que se habían incluido en el presupuesto) tuvo un déficit de 10 millones de euros, 56 millones de déficit menos de lo que tuvo realmente en el 2020, lo que es una buena noticia. También es una buena noticia que la Curia haya hecho sacrificios reduciendo los gastos, controlando la parte que puede controlar mejor, mientras las entradas ordinarias siguen bajando. La Curia ha ingresado 14 millones de euros más y ha gastado 42 menos que el ejercicio anterior; pero hay que reconocer, para no engañarnos, que el déficit ordinario no ha variado, los gastos ordinarios han disminuido en 15 millones de euros, alcanzando un nuevo mínimo este año, pero no es suficiente, los ingresos ordinarios también han disminuido en 14 millones de euros, otro nuevo mínimo. Los 56 millones de euros menos de déficit se deben a los 33 millones de euros de mejores resultados en las finanzas y a los 23 de mejores resultados extraordinarios con respecto al año pasado. Es cierto que no podemos actuar sólo sobre los gastos reduciéndolos, llegará un momento en que no se podrán disminuir sin comprometer la misión, por eso estamos trabajamos sobre cómo aumentar los ingresos. El hecho es que la Santa Sede reduce su patrimonio cada año para cubrir los servicios curiales.

¿Por qué, con un déficit menor e incluso un superávit de casi 29 millones de euros en la Curia, usted insiste en que la Santa Sede se despatrimonializa?

Ciertamente es más difícil de explicar porque, si bien tenemos un déficit de 3 millones de euros en el conjunto de los entes que se refieren a la Santa Sede, o un superávit de 28,8 millones de euros en la Santa Sede o Curia, con el Óbolo y los otros fondos papales incluidos, en realidad la Santa Sede se despatrimonializa cada año un promedio de 20-25 millones de euros. Y en esto es bastante constante. La razón, además de que los resultados financieros no son realizados, es que muchas de las donaciones que recibimos son finalistas, sirven para una cosa y no para otra. Gran parte de los activos asignados a algunos entes está vinculada a una finalidad, y no se puede dedicar a otra cosa. Es decir, no podemos compensar los gastos de algunos entes con los ingresos de todos los demás. Son muchos los dicasterios que realizan un servicio por el que no reciben ninguna contraprestación económica, simplemente son centros de coste y prácticamente no tienen ingresos, su servicio se realiza siempre con déficit. Y debe ser así. No estamos gestionando una empresa, los criterios económicos juegan un papel relativo, la economía debe servir, no gobernar, como insiste el Santo Padre. Un reciente caso interesante es el del Tribunal de la Rota, que pasó de autofinanciarse a ser deficitario, una vez que el Papa decidió, acertadamente, que para evitar que la justicia fuera sólo para los que pueden pagarla, hacerla gratuita. El rendimiento del patrimonio y las contribuciones internas no cubren los gastos de la misión. Por eso es fundamental la ayuda del Óbolo de San Pedro, que financia las obras de caridad y la misión del Papa, y la contribución de las diócesis. Las donaciones de cada año y lo que la Santa Sede puede generar, no logran financiar todos los gastos de los entes que no tienen ingresos, y la Santa Sede tiene que sufrir cada año una erosión de 20-25 millones de euros de patrimonio.

El nuevo balance incluye dos hospitales italianos, en un momento de crisis para la sanidad católica: ¿cómo están obrando?

Sí, la sanidad católica, a su vez, está atravesando un momento difícil en Italia. Tenemos dos hospitales incluidos en el balance consolidado. Uno es el Bambino Gesù. Con un presupuesto mayor que el de la Curia, que procede en la dirección justa y es un hospital económicamente sano; en los últimos años ha afrontado bien la crisis debida al COVID; el otro, la Casa del Sollievo della Sofferenza, debe afrontar su crisis económica y adoptar medidas urgentes, para no poner en discusión su sostenibilidad. Los nuevos entes incorporados en el balance nos han permitido registrar todos los activos y los pasivos y tener un balance más realista; es decir, hemos podido reconocer todas las obligaciones contraídas por la Santa Sede. Tenemos un mapa mejor de los puntos de fuerza y debilidad.

Otro tema que se desprende de este balance es el del Fondo de pensiones y del pasivo que representan las prestaciones post-empleo. ¿Cómo son las cuentas?

Las pensiones son un problema en casi todos los estados, y nuestro Fondo de pensiones no es una excepción. Es más, diría que – en su pequeña proporción – las pensiones vaticanas están mejor y son más seguras que en muchos países vecinos. Este es uno de los temas sobre los que desde hace años se viene llamando la atención, con mayor o menor alarmismo, para pintar un escenario económico futuro oscuro. Hemos incluido por primera vez en el balance la pasividad neta del fondo de pensiones por las prestaciones post-empleo según la valoración actuarial del 2019: 631,4 millones de euros según el IPSAS 39 (que es el modo correcto de valorar, aunque menos favorable). Esta es la parte que corresponde a la Santa Sede de un pasivo neto total de 1.000 millones de euros, que también incluye al personal del Vicariato y del Governatorato. Es innegable que no estamos dotando suficientemente el Fondo de pensiones para permitirle respetar las obligaciones futuras o que estamos prometiendo más de cuanto, en realidad, podemos permitirnos. La buena noticia es que aún estamos a tiempo para introducir medidas correctoras, no traumáticas, pero debemos hacerlo pronto. Fue incluido en el balance la pasividad neta del Fondo de Asistencia Sanitaria del 2021 para las prestaciones post-empleo, que según la valoración actuarial es de 171,2 millones de euros.

¿Cómo piensan actuar?

Cuando hablamos de pasivos, no nos referimos a un déficit actual, sino que estamos reconociendo que hemos asumido algunas obligaciones que, evaluadas hoy, podríamos no ser capaces de afrontar en cierto punto del futuro con la dotación actual. O sea, o se dota con más dinero para que esa situación futura previsible no se verifique o se adecúan las prestaciones a las posibilidades. Poner más dinero o prometer menos prestaciones. Las dos últimas veces que se tomó conciencia del problema en el Fondo de pensiones la Santa Sede puso más dinero. Sin embargo, esto es sólo un paliativo a corto plazo, que no resuelve el problema estructural por lo que, a largo plazo, las contribuciones no serán suficientes para compensar las prestaciones prometidas.

¿Cuáles son sus previsiones para el futuro?

Para el futuro se nos prospecta un tiempo muy incierto. No tenemos muchas variables sobre las que operar para enfrentar la crisis, no tenemos política fiscal ni monetaria, ni control sobre una gran parte de los ingresos. Más allá de nuestros problemas estructurales, la situación mundial – guerra, inflación, falta de suministros, incertidumbre financiera, etc. – crea para nosotros nuevos desafíos y oportunidades. No podemos decir que el tiempo de los sacrificios se haya acabado, el 2022 será un año particularmente difícil y también el 2023. Ahora tenemos que encarar el presupuesto del 2023 que no nos permite estar muy alegres, a pesar de que la presión del COVID haya disminuido.

¿Qué puede decirnos sobre la nueva Dirección de Recursos Humanos?

En lo que respecta a los recursos humanos, por el momento estamos dando continuidad a cuanto se ha hecho hasta ahora. Tenemos un plan de trabajo para los próximos años.  En septiembre se incorporará el nuevo director y esperamos que pueda introducir algunas mejoras, pero que tomarán su tiempo: mejorar el clima de trabajo donde sea necesario, la motivación, el recorrido de carrera; la identificación con el servicio que la Curia presta a la Iglesia, la nueva Constitución Apostólica está llena de indicaciones y sugerencias sobre lo que significa servir a la Iglesia a partir de la Curia romana. Servir en la Curia no es sencillamente un trabajo, es una misión. Queda aún mucho por hacer.

¿Cómo juzga los resultados en el camino de la transparencia?

Hemos dado muchos pasos en este tiempo en la justa dirección de la trasparencia, de la tutela económica de la Santa Sede y de la sostenibilidad. Los dicasterios y las instituciones curiales están implementando procedimientos y dando pasos adelante en la justa dirección. Recientemente hemos publicado las cuentas del Óbolo de San Pedro, lo que hemos recibido y cómo lo hemos utilizado; también hemos puesto en marcha el proyecto de centralización de las inversiones financieras pedido por el Papa años atrás, hemos aprobado una política de inversiones y se ha nombrado un Comité para las inversiones. Pero aún somos lentos. Se han introducido procedimientos para protegernos, hemos realizado la venta del palacio de Londres de modo transparente y sin contratiempos, siguiendo los procedimientos correctos; la aprobación de los actos de administración extraordinaria ha introducido, a su vez, un mecanismo de control que invita a seguir los procedimientos, la abolición del secreto sobre las cuestiones económicas nos ha hecho más transparentes… Estamos en camino.

Prensa CEV
Nota de Prensa de Vatican News
05 de agosto de 2022

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