La comunidad parroquial de Nuestra Señora de Coromoto en Boconó – Trujillo, fue el escenario de la Eucaristía este 19 de agosto a las 5:00 p.m. de Acción de Gracias. Con motivo del 31º aniversario de la ordenación sacerdotal del VI Obispo de la Diócesis de San Cristóbal, Monseñor Lisandro Alirio Rivas Durán, IMC.
Esta celebración caracterizada por la alegría y la participación activa de sacerdotes y feligreses, contó con la presencia del párroco Argenis Torres. También, del vicario parroquial Fausto Montaña y el diácono Rafael Márquez.
La homilia fue dirigida por el presbítero Torres, quien destacó el camino pastoral del obispo. Reconociéndolo como un instrumento de consolación y cuidado para el pueblo fiel.
Torres resaltó el espíritu Misionero de la Consolata de Monseñor Lisandro, enfatizando su entrega sin fronteras y su compromiso al frente de la Diócesis de San Cristóbal. »Una tierra de misión y frontera», agregó.
Homilía y mensaje de gratitud del prelado
Durante la homilía de la Misa de Acción de Gracias, inspirada en el lema «Para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia» (Jn. 10, 10), Monseñor Rivas Durán expresó su gratitud por tres décadas y un año de servicio:
«Celebrar tres décadas y un año de ministerio es dar gracias porque el Señor me llamó a su obra y porque la paga no es otra que su propia gracia y su presencia constante. Servir en su Iglesia no es un logro personal, sino un don inmeritorio que se sostiene en la fragilidad de una vasija de barro», expresó el prelado.
El obispo tachirense recordó las enseñanzas del Papa Francisco sobre la importancia de mantener las raíces familiares y la identidad. Además, reafirmó su renovación del «sí» pastoral para continuar guiando a la Iglesia de San Cristóbal con fraternidad, escucha y discernimiento.
Asimismo, expresó su agradecimiento a sus familiares, amigos y a la feligresía por el acompañamiento y la oración permanente a lo largo de su trayectoria ministerial.
10 claves del mensaje de gratitud de Monseñor Lisandro Rivas Durán
- La vocación es gracia, no un mérito personal: Estar en la viña desde temprano no da derecho a reclamar privilegios. Es un don inmerecido que se sostiene en la fragilidad del barro.
- El sacerdocio es entrega libre, no superioridad Como reflexiona León XIV, la ordenación no convierte a nadie en alguien superior. Sino que te entrega libremente para ayudar a quienes sufren y lo necesitan.
- Cuidar y honrar las propias raíces: Recordando a Francisco «todo lo que el árbol tiene de florido le viene de lo que tiene de soterrado», no hay que negar jamás la historia familiar, ni la patria.
- Rechazo al autopastoreo: A la luz de Ezequiel 34, el ministerio jamás debe convertirse en un refugio personal o posición de poder. La tentación de buscar el propio beneficio se vence entregando la vida a la comunidad.
- Cristo es el único y verdadero Pastor: El sacerdote o el obispo es solo un trabajador en la viña del Señor. Toda herida consolada, pan multiplicado y palabra sembrada son obra directa del Espíritu Santo.
- Pastoreo en comunión y corresponsabilidad: La vida sacerdotal y episcopal cobra sentido al desgastarse en la mesa compartida y en el caminar cotidiano con la Iglesia particular del Táchira y el santo pueblo de Dios.
- Fraternidad presbiteral activa: Siguiendo a León XIV, los ministros ordenados están llamados a volver a lo esencial. Acortar distancias con las personas y custodiar la esperanza desde un servicio humilde.
- Un «SÍ» renovado desde la madurez serena: Renovar la disponibilidad no desde el entusiasmo inicial. Hacerlo desde la experiencia probada de que Dios cumple sus promesas y nunca deja solo a su pueblo (1 Cor 10,13).
- Apertura de corazón para el futuro: Miro al futuro con el compromiso de seguir sirviendo con alegría a la Diócesis de San Cristóbal, promoviendo la fraternidad, la escucha y el discernimiento como principio visible de unidad.
- Gratitud a la familia
21 de agosto de 2026
Fuente: Diócesis de San Cristóbal
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