Ante una realidad global fragmentada y desprendida de su memoria histórica, el Santo Padre alentó a los miembros de la primera edición de los “Diálogos Borgo Laudato Si’” a sostener un proceso enfocado en la revitalización del liderazgo ético. Estamos llamados, manifestó el Pontífice, a trabajar activamente en la edificación de la Nueva Jerusalén, que es la civilización del amor.
El Papa mantuvo un encuentro esta mañana con las delegaciones participantes en los “Diálogos Borgo Laudato Si’”, tras culminar dos jornadas de profunda labor reflexiva en la sede de Castel Gandolfo. Los convocados se reunieron con el propósito de formar parte de esta primera experiencia de encuentro, la cual constituye el paso inicial de una dinámica orientada a redescubrir el compromiso moral en un entorno contemporáneo que padece fracturas y el olvido flagrante de sus propias raíces históricas.
Frente a la deshumanización: edificar la civilización del amor
El Obispo de Roma exhortó a la comunidad a no ceder ante la tentación de replicar la «Torre de Babel», estructura que simboliza la búsqueda desmedida del beneficio económico a costa de los sectores más desprotegidos y que acelera los procesos de deshumanización. En contraposición, señaló el deber cristiano de cooperar en el establecimiento de la Nueva Jerusalén, la civilización del amor, donde la caridad actúe como el eje fundamental que guíe las estructuras de la vida económica, civil y cultural. En ese sentido, el Sucesor de Pedro recordó las palabras de su documento pontificio:
«Transitarnos por un período de profunda ceguera espiritual y cultural, donde las corrientes del falso pragmatismo nos presionan a romper con los cimientos de la historia, pretendiendo erigir una suerte de ‘nueva creación’ desvinculada de sus orígenes. Incluso aquellos sectores que apelan a nobles convicciones éticas corren el riesgo de incurrir en este vacío histórico, asumiendo de forma equívoca que las tragedias humanitarias vividas en el siglo pasado son imposibles de repetirse» (No. 204).
Temas centrales desde la perspectiva de la sinodalidad
Las mesas de trabajo profundizaron en áreas de alta relevancia que forman parte de las prioridades pastorales de la Iglesia universal: el desarrollo de la inteligencia artificial y su impacto en la dignidad humana, los desafíos del envejecimiento demográfico junto a la vitalidad comunitaria, la incidencia del deporte en la diplomacia internacional y las proyecciones de la sostenibilidad global.
Los espacios de deliberación compartidos se desarrollaron bajo el principio de la sinodalidad eclesial, priorizando la escucha atenta de las realidades locales al tiempo que se promueve la comunión y la unidad universal. Los asistentes, integrados por especialistas, dirigentes y técnicos de diversas latitudes, ejercen sus ministerios y profesiones en distintas disciplinas del saber con múltiples perspectivas; no obstante, comparten una firme adhesión hacia el bien común enfocado en la transformación ecológica, social y económica de las estructuras temporales.
Nuevas sendas pastorales en favor del bien común
A través de la realización de esta primera asamblea, los participantes han dado cumplimiento a las intenciones pastorales expresadas por el Papa en su Carta Encíclica, donde convoca a la apertura eclesial para construir puentes de entendimiento mutuo.
Tal como recordó el Santo Padre durante la audiencia, la labor eclesial consiste en sostener “un diálogo con todos los hombres y mujeres de nuestro tiempo, con quienes compartimos los acontecimientos, preguntas y aspiraciones de la humanidad. Junto con ellos, buscamos identificar nuevos caminos para el bien común y para promover una vida digna para todos» (No. 2), consolidando así el compromiso por la civilización del amor.
19 de junio de 2026
Fuente: Vatican News
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