Categoría: Vaticano

16
Ene

Sellada la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro

Vaticano. El Cardenal Mauro Gambetti presidió esta tarde el rito que concluye el sellado de las cuatro Puertas Santas de las Basílicas papales de Roma. En el interior del muro se colocó el tradicional cofre de bronce que guarda las memorias del Año Santo. Con el último ladrillo colocado y la bendición final, la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro quedó oficialmente sellada. Tras la intensa espiritualidad del Jubileo Ordinario de 2025, la ceremonia se llevó a cabo este viernes 16 de enero de 2026 de manera privada, resguardando el acceso sagrado hasta el próximo Año Santo. La celebración estuvo presidida por el Cardenal Mauro Gambetti, Arcipreste de la Basílica de San Pedro, acompañado por el Arzobispo Diego Giovanni Ravelli, Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias.  El rito comenzó con una breve oración en la que el purpurado recordó a la multitud de peregrinos que, a lo largo del año, cruzaron el umbral de la Puerta Santa. El Cardenal Gambetti pidió especialmente que todos ellos permanezcan firmes en la fe y en comunión con el Sucesor de Pedro. El sellado técnico estuvo a cargo de los «sampietrini» de la Fábrica de San Pedro, quienes construyeron un muro interior compuesto por aproximadamente 3,200 ladrillos. Más allá de su función estructural, este muro sirve como un verdadero receptáculo de la memoria histórica de este período de la Iglesia. El momento central del rito fue la inserción del cofre de bronce dentro del muro. Este cofre, creado especialmente para la ocasión, lleva grabados los escudos de los dos pontífices que marcaron este tiempo: el del Papa Francisco, quien abrió el Jubileo 2025 el 24 de diciembre de 2024, y el del Papa León XIV, que lo clausuró el 6 de enero de 2026. En su interior se depositaron objetos que documentan este período histórico. Destaca un contenedor metálico que resguarda el pergamino oficial con el acta de apertura y cierre de la Puerta Santa, así como la llave que accionó el mecanismo del umbral sagrado. También se incluyó una selección numismática: dos medallas del primer año del pontificado de León XIV, una del último año de Francisco y otras piezas conmemorativas de la década que transcurrió entre el Jubileo de la Misericordia de 2016 y el actual de 2025, además de una medalla de la Sede Vacante de 2025. Una vez completada con estos testimonios, el cofre fue introducido en un contenedor de plomo, que fue soldado y sellado para garantizar su conservación. Para iniciar la fase final del amurallamiento, el Cardenal Arcipreste y el Maestro de Ceremonias colocaron simbólicamente los dos primeros ladrillos del cierre. El rito, marcado por la sobriedad y el recogimiento, concluyó con el rezo del Padre Nuestro y la bendición, dejando la Puerta Santa de San Pedro custodiada por el silencio hasta que la Iglesia convoque un nuevo Jubileo. Un momento de oración “Es un momento particular porque representa el acto final de cierre del Año Santo, con la muratura desde el interior de la Basílica de la Puerta Santa”, comenta con los medios vaticanos monseñor Orazio Pepe, secretario de la Fábrica de San Pedro. “Es un rito no solo técnico, sino también un momento de oración, porque debemos recordar que la Puerta Santa, con toda su simbología, es también una realidad espiritual; es un lugar donde los fieles experimentan a Dios incluso al cruzar esta puerta”. El flujo de peregrinos Monseñor Pepe -en declaraciones a Eugenio Bonanata- también habla de la “herencia” que deja el Jubileo recién concluido: “Si por un lado se cierra una puerta, por otro la puerta siempre permanece abierta. El flujo de peregrinos ciertamente disminuirá, pero siempre habrá mucha gente que vendrá a la tumba de San Pedro como lugar de peregrinación, como santuario, como un momento significativo de su vida. Este año también tuvimos un aumento notable de peregrinos que vinieron a pie: fueron muchísimos y crecieron considerablemente respecto al pasado. Hay, por tanto, un deseo de caminar hacia Dios y de llegar a los lugares donde es posible vivir una experiencia de Dios, como en la Basílica de San Pedro”. Pepe concluye expresando el deseo de que “todos los fieles que continúen visitando San Pedro puedan encontrar nuestra disponibilidad para acogerlos en todas sus necesidades espirituales, aquellas que llevan en el corazón y que consideran importantes para su vida”. 16 de enero de 2026Fuente: Vatican NewsCEV Medios

16
Ene

Año jubilar de San Francisco, publicado el Decreto de la Penitenciaría Apostólica

Vaticano. Se celebrará del 10 de enero de 2026 al 10 de enero de 2027, con motivo del octavo centenario de la muerte del Santo de Asís. Un decreto de la Penitenciaría Apostólica anuncia que se concederán indulgencias plenarias: «Que este Año especial nos impulse a todos, cada uno según sus posibilidades, a imitar al Pobrecillo, a formarnos en la medida de lo posible según el modelo de Cristo, a no hacer vanos los propósitos del Año Santo recientemente transcurrido». Un especial Año de San Francisco, del 10 de enero de 2026 al 10 de enero de 2027, en el que «cada fiel cristiano, siguiendo el ejemplo del Santo de Asís, se convierta en modelo de santidad de vida y testigo constante de paz». Así lo proclama el Papa León XIV con motivo del octavo centenario de la muerte del Pobrecillo y lo anuncia un decreto, publicado hoy, 16 de enero, de la Penitenciaría Apostólica, en el que se explica que se concederá la indulgencia plenaria «en las condiciones habituales (confesión sacramental, comunión eucarística y oración según las intenciones del Santo Padre), aplicable también en forma de sufragio por las almas del Purgatorio». Indulgencias Más concretamente, el Decreto —firmado por el cardenal Angelo De Donatis, penitenciario mayor, y por monseñor Krzysztof Józef Nykiel, regente— comunica que las indulgencias se concederán a los miembros de las Familias Franciscanas de la Primera, Segunda y Tercera Orden Regular y Secular; a los miembros de los Institutos de vida consagrada, de las Sociedades de vida apostólica y de las Asociaciones públicas o privadas de fieles, masculinas y femeninas, «que observen la Regla de San Francisco o se inspiran en su espiritualidad o perpetúan su carisma de cualquier forma», y también a todos los fieles «indistintamente» que «con el alma desprendida del pecado, participarán en el Año de San Francisco visitando en forma de peregrinación cualquier iglesia conventual franciscana, o lugar de culto en cualquier parte del mundo dedicado a San Francisco o relacionado con él por cualquier motivo, y allí seguirán devotamente los ritos jubilares o pasarán al menos un tiempo en piadosas meditaciones y elevarán a Dios oraciones para que, siguiendo el ejemplo de San Francisco, broten en los corazones sentimientos de caridad cristiana hacia el prójimo y auténticos votos de concordia y paz entre los pueblos, concluyendo con el Padrenuestro, el Credo e invocaciones a la Santísima Virgen María, a San Francisco de Asís, a Santa Clara y a todos los santos de la Familia Franciscana». Indulgencias para ancianos y enfermos «Los ancianos, los enfermos y quienes los cuidan, así como todos aquellos que por motivos graves no puedan salir de casa —se lee en el Decreto— podrán igualmente obtener la Indulgencia Plenaria, siempre que se desprendan de cualquier pecado y tengan la intención de cumplir lo antes posible las tres condiciones habituales, si se unen espiritualmente a las celebraciones jubilares del Año de San Francisco, ofreciendo al Dios Misericordioso sus oraciones, los dolores o los sufrimientos de su vida». «Para que esta oportunidad de obtener la gracia divina a través del poder de las llaves de la Iglesia se haga realidad más fácilmente, esta Penitenciaría —continúa el documento— pide con firmeza a todos los sacerdotes, regulares y seculares, dotados de las facultades oportunas, que se pongan a disposición, con espíritu dispuesto, generoso y misericordioso, para la celebración del sacramento de la reconciliación». Los jubileos dedicados a San Francisco «Mientras aún son actuales y eficaces los frutos de gracia del Jubileo Ordinario del año 2025 que acaba de concluir, en el que todos hemos sido animados a convertirnos en peregrinos de esta esperanza que no defrauda, se suma a él, como continuación ideal, una nueva ocasión de júbilo y santificación: el octavo centenario del feliz tránsito de San Francisco de Asís de la vida terrenal a la patria celestial», subraya además la Penitenciaría Apostólica. «En los últimos años, otros jubileos importantes han tenido que ver con la figura y las obras del santo de Asís: el octavo centenario de la creación del primer pesebre en Greccio, de la composición del Cántico de las Criaturas, himno a la belleza santa de la creación, y el de la impresión de las Sagradas Estigmas, que tuvo lugar en el Monte de la Verna, casi un nuevo Calvario, dos años antes de su muerte. El año 2026 marcará la culminación y la realización de todas las celebraciones anteriores: será, de hecho, el Año de San Francisco y todos estaremos llamados a santificarnos en la contemporaneidad siguiendo el ejemplo del Seráfico Patriarca» (Carta del Papa Francisco, 2015). No hacer vanos los propósitos del Año Santo En el Decreto se recuerda la historia de Francisco, que «de hijo de un rico mercader, se hizo pobre y humilde, verdadero alter Christus en la tierra, proporcionando al mundo ejemplos tangibles de vida evangélica y una imagen real de perfección cristiana». «Nuestra época —se lee— no es muy diferente de aquella en la que vivió Francisco, y precisamente por eso su enseñanza es quizás hoy aún más válida y comprensible. Cuando la caridad cristiana languidece, la ignorancia se extiende como la mala costumbre y quienes exaltan la concordia entre los pueblos lo hacen más por egoísmo que por sincero espíritu cristiano; cuando lo virtual prevalece sobre lo real, las disputas y la violencia social forman parte de la vida cotidiana y la paz se vuelve cada día más insegura y lejana, que este Año de San Francisco nos impulse a todos, cada uno según sus posibilidades, a imitar al Pobrecillo de Asís, a formarnos en la medida de lo posible según el modelo de Cristo, a no hacer vanos los propósitos del Año Santo que acaba de pasar: que la esperanza que nos ha visto peregrinos se transforme ahora en celo y fervor de caridad activa». 16 de enero de 2026Fuente: Vatican NewsCEV Medios