Pueblos Indígenas. El Papa: ¡Qué valioso es ese sentido de familiaridad y comunidad!

09
Ago
2022

En el día en que se celebra el Día Internacional de los Pueblos Indígenas del Mundo, celebración instituida por las Naciones Unidas el 9 de agosto de 1982, el Santo Padre resalta la importancia de “cultivar bien el vínculo entre los jóvenes y los ancianos, y custodiar una relación sana y armoniosa con toda la creación”.

Vaticano.  “¡Qué valioso es ese sentido de familiaridad y de comunidad que es tan genuino entre los Pueblos Indígenas! ¡Y qué importante es cultivar bien el vínculo entre los jóvenes y los ancianos, y custodiar una relación sana y armoniosa con toda la creación!”, lo escribe el Papa Francisco en un tuit, en el día en que se celebra el Día Internacional de los Pueblos Indígenas del Mundo, celebración instituida por las Naciones Unidas el 9 de agosto de 1982, fecha de la sesión inaugural del Grupo de Trabajo sobre las Poblaciones Indígenas y que este año está dedicado a reflexionar sobre “El papel de las mujeres indígenas en la preservación y transmisión del conocimiento tradicional”.

Sembrar esperanza en las generaciones indígenas

El tuit del Santo Padre para esta Jornada es tomado de su discurso en el Encuentro con una delegación de Indígenas en el arzobispado de Quebec, el 29 de julio de este año, en el marco de su 37 Viaje Apostólico a Canadá. En aquella ocasión, el Papa Francisco recordó que su “peregrinación penitencial”, ese largo camino de sanación y reconciliación con los pueblos indígenas, estuvo acompañado de una frase que es “Caminar juntos”.

“He venido a Canadá como amigo para encontrarme con ustedes, para ver, escuchar, aprender, apreciar cómo viven los pueblos indígenas de este país. No vine como turista, he venido como hermano, a descubrir en primera persona los frutos, buenos y malos, producidos por los miembros de la familia católica local a lo largo de los años. He venido con espíritu penitencial, para expresarles el dolor que llevamos en el corazón como Iglesia por el mal que no pocos católicos les causaron apoyando políticas opresivas e injustas. He venido como peregrino, con mis limitadas posibilidades físicas, para dar nuevos pasos adelante con ustedes y para ustedes; para que se prosiga en la búsqueda de la verdad, para que se progrese en la promoción de caminos de sanación y reconciliación, para que se siga sembrando esperanza en las futuras generaciones de indígenas y no indígenas, que desean vivir juntos fraternalmente, en armonía”.

Sentido de familiaridad y de comunidad

Asimismo, el Santo Padre les dijo a los pobladores originarios de Canadá que al final de su “intensa peregrinación” regresaba a casa enriquecido por el tesoro incomparable hecho de personas y de pueblos que marcaron su visita apostólica:

“Realmente puedo decir que, durante mi visita, fueron sus realidades, las realidades indígenas de esta tierra, las que visitaron mi alma; entraron en mí y siempre me acompañarán. Me atrevo a decir, si me lo permiten, que ahora, en cierto sentido, yo también me siento parte de vuestra familia, y me siento honrado. El recuerdo de la fiesta de santa Ana, vivida junto a varias generaciones y a tantas familias indígenas, permanecerá indeleble en mi corazón. En un mundo que lamentablemente es tan a menudo individualista, ¡qué valioso es ese sentido de familiaridad y de comunidad que es tan genuino entre ustedes! ¡Y qué importante es cultivar bien el vínculo entre los jóvenes y los ancianos, y custodiar una relación sana y armoniosa con toda la creación!”.

Las mujeres custodios de la vida

En ese encuentro con una Delegación de los Pueblos Indígenas de Canadá en el arzobispado de Quebec, el Papa Francisco encomendó al Señor lo que se vivió en esos días y la continuación del camino que aún se espera recorrer; y los encomendó al cuidado atento de quienes saben custodiar lo que es importante en la vida, es decir, las mujeres, y en especial tres mujeres:

«Ante todo, en santa Ana, de quien pude sentir su ternura y protección, venerándola junto a un pueblo de Dios que reconoce y honra a las abuelas. En segundo lugar, pienso en la Santa Madre de Dios: ninguna criatura merece más que ella ser definida como peregrina, porque siempre, también hoy, también ahora, está en camino; en camino entre el cielo y la tierra, para cuidarnos por encargo de Dios y para llevarnos de la mano hacia su Hijo. Y, por último, mi oración y mi pensamiento en estos días han ido frecuentemente a una tercera mujer de presencia afable que nos ha acompañado, y cuyos restos se conservan no lejos de aquí. Me refiero a santa Catalina Tekakwitha. La veneramos por su vida santa, pero, ¿no podríamos pensar que su santidad de vida, caracterizada por una entrega ejemplar en la oración y el trabajo, así como por la capacidad de soportar con paciencia y dulzura tantas pruebas, también fue posible por ciertos rasgos nobles y virtuosos heredados de su comunidad y del ambiente indígena en el que creció?».

Abrir camino y responder a la llamada

El Papa Francisco concluyó su discurso afirmando que, “estas mujeres pueden ayudar a unir, a volver a tejer una reconciliación que garantice los derechos de los más vulnerables y sepa mirar la historia sin rencores ni olvidos… Estas mujeres podrían haber respondido mal a todos los que se oponían a ese proyecto, o bien permanecer sujetas a las normas patriarcales de su tiempo y resignarse, sin luchar por los sueños que Dios mismo había impreso en sus almas. Pero no tomaron esa decisión, sino que, con mansedumbre y firmeza, con palabras proféticas y gestos resueltos se abrieron camino y cumplieron aquello a lo que habían sido llamadas”.

Prensa CEV
Nota de Vatican News
09 de agosto de 2022

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