Carta del Obispo de Cabimas a su clero con motivo del Jueves Santo

09
Abr
2020

Cabimas.- Obispo de Cabimas Mons. Ángel Caraballo, en el día de la institución de la Eucaristía y del Sacerdocio, envío una carta a los miembros de su clero, expresando su gratitud al servicio que prestan al pueblo de Dios

A continuación el texto íntegro de la carta:

DIÓCESIS DE CABIMAS
Mons. Ángel Francisco Caraballo Fermín
Obispo

Carta a los sacerdotes de la Diócesis de Cabimas, en ocasión del Jueves Santo de 2020, Celebración de la Misa de la Cena del Señor.

“El Dios de la paz, que resucitó a aquel que, por la alianza de la sangre eterna, vino a ser el gran pastor de las ovejas, nuestro Señor Jesús, los capacite para cumplir su voluntad con toda clase de obras buenas” (Hb 13, 20).

Muy apreciados sacerdotes:
Quiero llegar a ustedes, a través de estas breves líneas, para expresarles mis sentimientos de veneración y gratitud, y animarlos a continuar en esta apasionante aventura de ser sacerdotes, según el corazón de Jesús, y ministros de la Iglesia.

Sentimientos de veneración, pues soy consciente de que cada uno de ustedes es una transparencia real, viva y eficaz de Cristo, cabeza, pastor y esposo de la Iglesia, como suelen afirmar los documentos magisteriales. Veo en ustedes al mismo Jesús que, a través de su ministerio, sirve al Pueblo Santo de Dios. Esto no es una locura, ni una pretensión. Es simplemente una visión de fe. El Santo Cura de Ars, llegó a afirmar: “si yo me encontrara en la calle con un ángel y un sacerdote, antes que al ángel saludaría al sacerdote, porque en él está el mismo Cristo”; “el sacerdote continúa la obra de redención en la tierra…Si comprendiéramos bien quien es el sacerdote, moriríamos no de pavor, sino de amor…El sacerdote es el amor del Corazón de Jesús”.

Pidamos al Espíritu Santo que esculpa en nuestros corazones esta gran verdad, pues se nos “ha dado mucho, y mucho se nos exigirá”, el día que nos encontremos con el autor de nuestra vocación en el juicio particular. Y, precisamente, los fieles quieren ver en la persona del sacerdote a Cristo, no podemos defraudarles. Algunos de nuestros hermanos, con sus palabras y conductas, han manchado la dignidad sacerdotal, procuremos, nosotros, mostrar a los fieles toda la hermosura y grandeza de este sacramento, a través de nuestra conducta. Recemos por ellos, siguiendo la exhortación de Nuestro Señor: “no te pido que lo saques del mundo, sino que los libres del mal” (Jn 17, 15).

Sentimientos de gratitud, por el encomiable trabajo que realizan en sus comunidades, en estos momentos de crisis de todo orden que vivimos en Venezuela. He sido testigo de la vida de entrega, de abnegación y de pobreza que llevan muchos de ustedes, asumiéndola con fortaleza, visión sobrenatural, por amor a Dios y al pueblo que se les ha confiado
Me ha llamado poderosamente la atención sus sentimientos, al verse imposibilitados de ejercer el ministerio como de costumbre: de tristeza, porque no pueden acompañar a su comunidad personalmente en la celebración del solemne triduo pascual; de impotencia, al no poder administrar el sacramento de la reconciliación; de frustración y desaliento, al tener que celebrar las misas solos, pues una cámara nunca podrá sustituir una comunidad. ¡Nos hace falta la comunidad, la gente! “Hemos sido puestos al servicio de Dios en favor de los hombres” (Hb 5,1). El sacerdote no se comprende sin un pueblo al cual servir, y un pueblo no se entiende sin un sacerdote que le presida en la caridad y esté siempre dispuesto a servirlo.

Este sufrimiento que sentimos estos días, ofrezcámoslo al Buen Dios, por tantas necesidades que tenemos en nuestra querida diócesis, especialmente por el incremento de las vocaciones al sacerdocio. Y valoremos estos días, este don que hemos recibido y el ministerio que se nos ha confiado.
Por último, les animo a seguir adelante, a “tener nuestros ojos fijos en Jesús, autor y perfeccionador de nuestra fe”, (Hb 12,2), a superar, con la fuerza de la gracia, las adversidades que se nos presentan en el diario vivir, sabiendo que, de la fidelidad de cada uno de nosotros dependen muchas cosas
Delante del Sagrario, podemos decirle al Señor esta tarde, con San Pablo: “Doy gracias a Cristo Jesús, Señor nuestro, que me hizo capaz, se fio de mí y me confió este ministerio… Se compadeció de mí: para que yo fuese el primero en el que Cristo Jesús mostrase toda su paciencia y para que me convirtiera en un modelo de los que han de creer en él y tener vida eterna” (1 Tim 1, 12. 16).

Queridos sacerdotes, los llevo en mi corazón, y los encomiendo a la maternal protección de Nuestra Señora del Rosario, que ella sea para ustedes madre comprensiva, confidente prudente y compañera de ministerio.

Nos encontraremos espiritualmente, Dios mediante, esta tarde en la celebración de la Misa de la Cena del Señor, origen de nuestro sacerdocio, misterio de amor infinito, causa de nuestra ordenación. Oremos los unos por los otros, pues somos triplemente hermanos: por el bautismo, por el orden sacerdotal, y por formar parte del presbiterio, la gran familia de los pastores. Nos necesitamos mutuamente

Dios los bendiga y la Santísima Virgen María los favorezca

† Ángel Francisco Caraballo Fermín.
Obispo de Cabimas

Prensa CEV
09 de abril de 2020

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