En un encuentro marcado por la ternura y la esperanza, el Papa León XIV visitó el Orfanato Ngul Zamba en Yaundé, Camerún. Ante los niños, jóvenes y las religiosas Hijas de María, el Santo Padre recordó que, en la gran familia de Dios, nadie es un extranjero o un abandonado, subrayando que el amor del Padre celestial sana toda historia de dolor.
«Son portadores de una promesa»
Durante su saludo en Yaundé, Su Santidad se dirigió con especial afecto a los pequeños, reconociendo las difíciles pruebas de abandono y pérdida que muchos han enfrentado. Sin embargo, el Pontífice enfatizó que el sufrimiento no define su destino:
«A pesar de todo, ustedes están llamados a un futuro más grande que sus heridas. Son portadores de una promesa. Porque ahí donde puede haber miseria, sufrimiento o injusticia, Dios está presente y está muy cerca de ustedes».
Un testimonio de fe en el centenario congregacional
La visita coincide con el centenario de la Congregación de las Hijas de María. La Madre Régine Cyrille Ngono Bounoungou expresó que recibir al Sucesor de Pedro es una gracia que ilumina su carisma de servicio a los más vulnerables. El Papa agradeció la entrega fiel de los educadores, voluntarios y religiosas, afirmando que su dedicación es el rostro de la misericordia divina.
«No somos huérfanos, somos hermanos en Cristo»
Uno de los momentos más conmovedores fue el testimonio de los niños, quienes aseguraron que, gracias a la acogida de la Iglesia, no se sienten huérfanos, sino parte de una fraternidad que construye nación y humanidad.
Al finalizar, el Papa León XIV bendijo a la comunidad y obsequió una escultura de San José y el Niño Jesús, encomendándolos a la protección de la Virgen María para que crezcan como «verdaderos amigos de Jesús».
15 de abril de 2026
Fuente: Vatican News
CEV Medios
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