Jornada Mundial de los Abuelos: La Iglesia es llamada a ser madre de todos

15
Jun
2026

El mensaje del Papa León XIV para la Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores, publicado este 15 de junio, se inspira en la conmovedora promesa bíblica: “Yo nunca te olvidaré” (Is 49,15). A través de esta reflexión, el Santo Padre profundiza en la misión de la Iglesia como madre de toda la humanidad, exhortando a los fieles a perseverar con firmeza en la fe durante la vejez y a unirse en oración ferviente por la paz del mundo.

A través del profeta Isaías, el Señor nos asegura que jamás nos dejará en el olvido. El Pontífice nos recuerda en su alocución que cada uno de nosotros está grabado en las palmas de sus manos y que el amor divino supera con creces el afecto de una madre. Este mensaje está especialmente dirigido a la celebración que la Iglesia universal vivirá el próximo 26 de julio de 2026.

Para el Sucesor de Pedro, estas palabras divinas representan una fuente de profundo consuelo y esperanza, respondiendo directamente al temor del abandono que muchas veces lastima el corazón humano cuando se piensa olvidado por Dios.

El amor de Dios no olvida a ninguno de sus hijos

El Papa recalca que el amor del Padre, al no excluir a nadie, actúa como un bálsamo de justicia frente a la cultura del descarte y el anonimato social. Con preocupación pastoral, señala cómo sobre la vida de los ancianos suele caer un manto de indiferencia que desibuja sus rostros y los sumerge en el olvido comunitario.

Esta dolorosa realidad se evidencia con fuerza en los hogares marcados por la soledad, así como en los centros asistenciales y de hospitalización, donde la identidad única de cada ser humano corre el riesgo de ser despersonalizada, reduciéndose a un simple diagnóstico médico o al número de una habitación.

Frente a esto, el Santo Padre propone que la Jornada Mundial de los Abuelos sea una oportunidad providencial para recordar que en la Iglesia todos somos hijos de Dios, sin importar la edad. Este día debe ser un impulso, especialmente para la juventud, para recuperar la hermosa tradición de visitar a los abuelos y acompañar a los ancianos que sufren el aislamiento.

El abrazo del Papa y la cercanía de la Iglesia

El Papa pide que se haga llegar este mensaje a los mayores como un signo tangible de su afecto y cercanía espiritual. El objetivo es que la promesa divina de no ser olvidados se transforme en un encuentro real, tierno y fraterno entre las distintas generaciones.

La Iglesia Madre no es ajena al sufrimiento de sus hijos más ancianos. El Papa reconoce con realismo que muchas veces se les mira como una carga económica o social, y que las dinámicas financieras actuales debilitan los lazos familiares. Asimismo, lamenta la situación de tantos abuelos que quedan solos debido a los procesos migratorios forzados o a los conflictos bélicos, reiterándoles a todos ellos la fiel promesa del Señor.

La vocación en la fragilidad y el valor de la ancianidad

El Papa León XIV explica que el descubrimiento de la infinita ternura de Dios suele manifestarse con mayor claridad en la última etapa de la vida. Esta fase de la existencia se convierte en el escenario propicio para profundizar o reiniciar una madura vida espiritual a partir de los interrogantes más trascendentales del ser humano.

Con palabras de aliento, el Pontífice invita a no temerle a la debilidad propia de los años, asegurando que la fragilidad esconde una potencia espiritual nueva capaz de iluminar y enriquecer las demás etapas de la vida humana.

La oración de los abuelos por la paz del mundo

En un contexto global golpeado por la violencia y las guerras, el Santo Padre confía a los mayores una misión fundamental: la intercesión activa. Los exhorta a unirse en una plegaria unánime y constante para implorar el don de la reconciliación y la paz en toda la tierra.

Finalmente, el Papa expresa su gratitud hacia los ancianos por el sostén diario que le brindan a través de la oración, de manera especial con el rezo del Santo Rosario. Al despedirse, eleva sus votos para que el Señor los fortalezca continuamente en la fe, la esperanza y la caridad, recordando siempre que Dios jamás se olvida de su pueblo.

15 de junio de 2026
Fuente: Vatican News
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