A las Comunidades formativas de los Seminarios en Venezuela.Saludos cordiales en Cristo Buen Pastor de nuestras vidas.En Venezuela, junto a la Solemnidad de Pentecostés, celebramos el Día del Seminario, comunidad donde se preparan los futuros pastores de nuestra Iglesia. Resulta inspirador que la institución encargada de la formación sacerdotal conmemore su día en la fiesta del Espíritu Santo, quien guía e impulsa la vida eclesial y, por ende, de los ministros ordenados. Después de todo, el Espíritu Santo es el protagonista por antonomasia de la formación sacerdotal. Asimismo, esta celebración marca la culminación del tiempo especial de oración por las vocaciones que iniciamos el 26 de abril. Al conmemorarse el LX aniversario de los decretos conciliares Optatam Totius y Presbyterorum Ordinis, el Papa León XIV nos recordaba que la actualización de estos documentos debería traducirse en un nuevo Pentecostés Vocacional, capaz de suscitar en la Iglesia numerosas y perseverantes vocaciones sacerdotales.
Por consiguiente, la vida en el Espíritu conduce toda vocación cristiana, ilumina el seguimiento de Jesús que lleva consigo la misión de seguir anunciando su Reino. Cada estado de vida en la Iglesia brota de la propia vocación bautismal. «La llamada al ministerio ordenado es un don libre y gratuito de Dios. Vocación, en efecto, no significa constricción por parte del Señor, sino propuesta amorosa de un proyecto de salvación y libertad para la propia existencia que recibimos cuando, con la gracia de Dios, reconocemos que en el centro de nuestra vida está Jesús, el Señor. Entonces la vocación al ministerio ordenado crece como donación de sí mismos a Dios y, por ello, a su Pueblo santo».
Nos alegramos por los 21 seminarios de nuestra nación, que son una muestra de la bondad del Señor al seguir llamando a tantos jóvenes al servicio del ministerio ordenado. A los seminaristas de las distintas etapas, les hacemos llegar nuestra felicitación y los animamos a continuar su camino vocacional con entrega generosa, formándose bien para servir mejor. Los invitamos a aprovechar al máximo los medios que la Iglesia les ofrece para su formación, teniendo presente que dar lo mejor de sí desde ahora es el camino para servir a Dios y a la Iglesia.
Es fundamental, apreciados seminaristas, la docilidad al Espíritu Santo y la transparencia consigo mismos y ante Dios. Nos recuerda el Papa León XIV: «Queridísimos, tengan un corazón manso y humilde como el de Jesús (cf. Mt 11,29). Siguiendo el ejemplo del apóstol Pablo (cf. Fil 2,5ss), puedan asumir los sentimientos de Cristo, para progresar en la madurez humana, sobre todo afectiva y relacional. Es importante, más aún necesario, desde el tiempo del seminario, apostar mucho por la madurez humana, rechazando todo disfraz e hipocresía. Con la mirada puesta en Jesús, hay que aprender a dar nombre y voz también a la tristeza, al miedo, a la angustia, a la indignación, llevando todo a la relación con Dios». Se trata de recorrer un camino espiritual que parta de la realidad humana, mirando siempre a Jesús, en quien se encuentra la fuente de la vocación.
Nuestras felicitaciones y gratitud a los formadores de los seminarios en sus diversos oficios: rectores, vicerrectores, directores espirituales, directores académicos y guías de curso. Ustedes han sido llamados por la Iglesia a una misión de altísima confianza: ‘ser pastores de los futuros pastores’, una grandiosa y delicada tarea artesanal que está en sus manos. Que el Espíritu Santo les siga acompañando en tan loable labor, concediéndoles la sabiduría y la paciencia necesarias para modelar el corazón de los futuros presbíteros. Pedimos para ustedes la gracia de seguir haciendo equipo sinodal, caminando juntos con un auténtico espíritu de discernimiento, testimonio y fidelidad al Evangelio.
A los profesores, benefactores, personal obrero y administrativo, y a quienes ofrecen constantemente sus oraciones por las vocaciones sacerdotales: que Dios los siga bendiciendo abundantemente. Lo que ustedes hacen por los seminarios es fruto de su profundo amor a la Iglesia y de que son conscientes de la gran necesidad de pastores en nuestras comunidades cristianas.
«La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies”» (Lc 10, 2). No cesemos de orar por las vocaciones, a fin de que la cultura vocacional se fortalezca en las familias, parroquias y comunidades cristianas. Pidamos la intercesión de María Santísima, bajo la advocación de María Auxiliadora, para que muchos jóvenes respondan al llamado del Señor y para que ella continúe acompañando la vida de los seminarios en nuestro país.
Dado en Caracas, con nuestra bendición y estima, a los 24 días del mes de mayo de 2026, en la Solemnidad de Pentecostés.
Mons. Lisandro A. Rivas D.Obispo de San Cristóbal y Presidente Comisión de Clero, Vocaciones, Seminarios y Diaconado Permanente.
24 de mayo de 2026
Fuente: Comisión de Clero, Vocaciones, Seminarios y Diaconado Permanente
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