“La Iglesia ha hecho una opción por la vida”, recuerda la Guía de la Pastoral de la Salud publicada por el Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam) en 2010, frase que monseñor Lizardo Estrada, obispo peruano, tomó como base de su intervención al inicio de la 34ª Jornada Mundial del Enfermo, que se realiza en Perú del 9 al 11 de febrero.
En su mensaje, el prelado subrayó que esta convicción se traduce en una tarea diaria para la Iglesia continental: promover, cuidar, defender y celebrar la vida.
Monseñor Estrada señaló que esta opción por la vida se concreta a través de un principio que orienta la acción del Celam: considerar la salud como un derecho fundamental, al que todos los Estados deben garantizar acceso, evitando privilegios o exclusiones.
El obispo explicó que la salud no se limita a la ausencia de enfermedad, sino que constituye un proceso armónico que integra el bienestar físico, psíquico, social y espiritual. “La parábola del buen samaritano es un espejo de la vida real y nos propone un itinerario para vivir con salud”, afirmó.
En esta línea, recordó la reflexión del Papa León XIII sobre los fenómenos culturales que afectan al ser humano, como la inmediatez, el descarte y la indiferencia, y destacó que la enseñanza de Jesús invita a reconocer al prójimo y a actuar con cercanía y compasión hacia quien sufre.
Dar tiempo y presencia como un don que cura
Para el secretario general del Celam estas actitudes son decisivas en toda acción pastoral y se concretan en dar tiempo, presencia y cercanía. La Guía de la Pastoral de la Salud recuerda que el buen samaritano es toda persona con un corazón capaz de ver la ausencia de amor y actuar en consecuencia: “La idea ante el sufrimiento es detenerse, acercarse, escuchar y acompañar; darse como un don que cura y sostiene al hermano”, aseguró.
Monseñor Estrada ratificó que la pastoral de la salud se entiende como una acción evangelizadora de todo el pueblo de Dios, que compromete con la vida. Su éxito depende de la presencia de la misión de Jesús en el mundo de la salud, aplicada a tres dimensiones interconectadas:
1. Solidaria, para acompañar al enfermo, al anciano y al afligido.
2. Comunitaria, para construir espacios de apoyo social donde el herido encuentre un hogar.
3. Política e institucional, para defender derechos, denunciar lo que enferma a los pueblos y promover políticas públicas que garanticen la salud integral.
Una misión compartida
El obispo recordó que la misión profética de la Iglesia llama a anunciar el Reino a quienes sufren, y que la acción del buen samaritano convoca a otros: familias cuidadoras, vecindarios solidarios, profesionales sanitarios, capellanías, voluntarios y agentes de pastoral.
“Pidamos la gracia de una Iglesia que acompañe a los enfermos y a los sanos que los cuidan con manos cansadas y corazón fiel”, concluyó monseñor Estrada.
11 de febrero de 2026
Fuente: CELAM
CEV Medios
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